domingo, 3 de diciembre de 2017

BABYLON BERLIN


Es un mundo a punto de desaparecer, sucio, sórdido y fascinante. Lo peor no son las fuerzas destructivas –los comunistas, los nacional-socialistas, los militares ávidos de probar de nuevo- que la crisis y el paro han conjurado. Todo eso podría ser combatido, pero la ciudad está dominada por la incertidumbre moral y política, y la acción ha sido sustituida por un frenético movimiento sin dirección.

La ciudad se resume en el Moka Efti, un restaurante y cabaret bajo cuya deslumbrante apariencia se mueven entrelazados los gusanos. Una ciudad dentro de la ciudad, y todo ello resumido en una canción: polvo y cenizas. Se muestra en el segundo capítulo y tiene la belleza de la danza macabra. Sus acordes tienen el olor dulzón de lo siniestro, y es posible que esto fuera lo que asustase a los nazis cuando hablaban de arte degenerado. Si todo esto les evoca “expresionismo” posiblemente están en lo cierto.

En ese mundo que se desmorona el verdadero protagonista no es ninguno de los obvios. No es el policía que trata de encontrar unas películas chantajistas. No es la chica, prostituta ocasional que anhela ser investigadora. Es el consejero Benda, que lucha sólo por evitar la desintegración desde la lucidez y la democracia.

Véanla, óiganla y siéntanla.

p.d. En la segunda temporada el ambiente se desvanece, y queda una serie más bien trivial.

Babylon Berlín (2017): Henk Handloegten, Tom Tykwer, Achim von Borries

viernes, 17 de noviembre de 2017

¿Y ESTO QUIEN LO PAGA?


Pues no, no ha sido simbólico como pretende vender ahora la señora Forcadell: la farsa ha tenido un coste real, un coste altísimo. Y ni siquiera vamos a referirnos ahora de la destrucción de la convivencia, o a la demolición de la democracia. Hablando de economía, años de nacionalismo han dejado a Cataluña por los suelos. Puede verse, para empezar, en el nivel de endeudamiento: si usted es catalán, soporta sobre sus hombros una deuda de 10.311€. Todos y cada uno de los catalanes llevan ahora esa carga, el doble de lo que soportan en promedio los ciudadanos del resto de Comunidades Autónomas. Tampoco se está ahora como para presumir en competitividad. Según el indicador RCI de la Unión Europea, que mide la corrupción percibida por los ciudadanos y la rendición de cuentas del Gobierno, Cataluña está en el puesto 177 de las 263 regiones europeas, la penúltima de entre las españolas. Y tampoco sale bien en el Doing Business: es la novena en España en cuanto a facilidades para abrir una empresa.

Es que nosotros preferimos contar "la parte épica y bonita del relato", dirá el exconsejero Toni Comín. Por eso no le interesará recordar la fuga masiva de empresas: van más de 2.500, incluidas 6 de las 7 que forman parte del IBEX35. De ellas, 212 se marcharon el 9 de octubre, víspera de la declaración de independencia. Hasta la Bruixa d’Or, que posiblemente no ve el futuro pero sí el presente, ha hecho las maletas. Y eso no es todo.

Ha caído abruptamente el comercio minorista: un 30% en octubre según la Confederación Española del Comercio. Y ha descendido ese mismo mes un 15% la actividad turística. Y, como es natural, el empleo se resiente: el paro subió en casi 15.000 personas, el doble que en 2016 y la mayor cifra de los últimos años. Si usted es catalán, no sólo lleva una mochila de más de 10.000€ de deuda a la espalda: además tiene muchas más posibilidades que un balear o un asturiano de haberse quedado sin trabajo estas últimas semanas.

Según la AIREF la irresponsabilidad secesionista puede acabar costando entre 3.300 y 14.000 millones al PIB, y entre 75.000 y 225.000 puestos de trabajo. Mientras tanto, el prestigio de Cataluña en el extranjero se tambalea. Ahora mismo nos jugamos la apuesta española por la Agencia Europea del Medicamento. E incluso los organizadores del Mobile World Congress han amenazado con cambiar la sede si continúa la inestabilidad.

La solución que ahora ofrece Junqueras es nada menos que Marta Rovira, que en su momento explicó a una reportera de la televisión France 24 cómo se financiaría la secesión: “Je, je, hmm, estamos estudiando… uh, una nueva vía de ingresos… invertir los actuales recursos… tanto humanos como… ejem, institucionales… pues de la mejor la manera posible… y en fin que sea lo que toque para financiarla. ¿Más preguntas?".

Publicado en Voz Populi, 17/11/2017.

sábado, 11 de noviembre de 2017

ESPAÑA, SIGNIFICANTE VACIO

Publicado en El Español, 7/11/2017


Podemos es una fuerza política patriótica que apuesta por la unidad de España". Esto afirma en El Diario, con total tranquilidad, Ramón Espinar, portavoz del partido en el Senado. Es una afirmación sorprendente: Podemos ha apoyado sin ambages el golpe de los separatistas catalanes contra la democracia, y cualquiera ha podido escuchar a Pablo Iglesias gritando a voz en cuello “Visca Catalunya lliure y sobirana”.

En realidad, el apoyo de los populistas ideológicos a los nacional-populistas es normal: ambos coinciden en su deseo de acabar con la democracia nacida en el 78. Y también es comprensible que, ante la evidencia de un previsible descalabro electoral, los líderes de Podemos pretendan ahora dar un brusco cambio de rumbo. Lo que ya no es tan normal es la desfachatez con la que Ramón Espinar asume su relación con la verdad. Pretendo dar una explicación a esta perplejidad, y eso pasa por dos libros.

El primero es La razón populista, de Ernesto Laclau. Laclau propone como alternativa a la aburrida democracia liberal la “construcción de un sujeto político” -la organización de una masa airada, para los no iniciados- a partir de las demandas insatisfechas en una sociedad. Como estas demandas son heterogéneas -unas son justas y otras no, unas tienen solución, otras son meras frustraciones- es imposible ofrecer un programa político que dé solución a todas. Por eso Laclau propone a cambio señalar un enemigo común y sustituir el discurso racional por lo que llama “significantes vacíos”, que es más o menos lo que están ustedes pensando.

El segundo libro es el famoso ensayo de Harry S. Frankfurt On Bullshit. Es éste un término con mala traducción al español, pero todos tenemos una idea de lo que es. El bullshit está lejos de la verdad, pero no es una mentira: cuando alguien afirma que la tierra es del viento no está pensando realmente en la brisa como una entidad capaz de reivindicar derechos de propiedad. Al mentiroso le preocupa dónde está la verdad, aunque sea para negarla; al emisor de bullshit la verdad le trae sin cuidado: "Es precisamente esta falta de preocupación por la verdad -esta indiferencia acerca de lo que las cosas son realmente- lo que considero la esencia del bullshit".

Volvamos a los “significantes vacíos” de Laclau. Puesto que se trata de mensajes que deben satisfacer simultáneamente demandas heterogéneas, e incluso contradictorias, su conexión con la verdad no puede ser muy estricta: obviamente, el bullshit encaja a la perfección con esta definición. Puede decirse por tanto que Laclau dignifica el bullshit y ennoblece a sus emisores. O, dicho de otro modo, la ideología de Laclau es un imán para los bullshitters. Quizás esto nos ayude a comprender la escasa preocupación de los líderes podemitas cuando sus palabras contradicen abiertamente la realidad.

domingo, 1 de octubre de 2017

RENAN Y EL PLEBISCITO COTIDIANO

La nación es un plebiscito cotidiano. La famosa afirmación de Renan es ahora invocada por los nacionalistas catalanes para justificar la subordinación de la democracia a su voluntad de constituirse en tribu. Pero ¿es legítima la invocación? ¿Habría simpatizado Renan con los nacionalistas?


En 1870, tras derrotar definitivamente a los franceses en Sedán, los prusianos se anexionan Alsacia y Lorena. En Alsacia se habla alemán, su cultura es básicamente alemana: los prusianos, movidos por impulsos nacionalistas, interpretan la acción como la reintegración de ovejas perdidas en el rebaño germánico. Pero hay un pequeño detalle: los alsacianos, por mucho alemán que hablen, no quieren dejar de ser franceses.

En agosto de ese año el teólogo y escritor David Friedrich Strauss inserta una carta en La gaceta de Augsburgo en la que solicita a Ernest Renan que se manifieste sobre el asunto. En el pasado Renan no ha sido inmune a teorías racistas, y quizá por eso Strauss espera encontrar su comprensión. No será así. Renan entra en liza confiando en que dos intelectuales empleando la razón acabarán llegando a un acuerdo, y argumenta:

Vuestros fogosos germanistas alegan que Alsacia es una tierra germánica, injustamente separada del imperio alemán. Observe que todas las nacionalidades son territorios mal delimitados; si se pone uno a razonar sobre la etnografía de cada cantón, se abre la puerta a guerras sin fin”.

He aquí el primer problema que plantea el nacionalismo: al intentar superponer sus criterios étnicos sobre los países realmente existentes son fuente inagotable de conflictos, y una amenaza para la convivencia. Y continúa:

Alsacia es alemana por lengua y por raza, pero no desea formar parte del estado alemán; esto zanja la cuestión. Se habla del derecho de Francia, del derecho de Alemania. Estas abstracciones nos afectan mucho menos que el derecho que tienen los alsacianos, seres vivos de carne y hueso, a no obedecer a otro poder que el consentido por ellos”.

Renan antepone así las personas a abstracciones tales como la raza o la etnia, y concluye:

«Alemania (…) se ha subido a un fogoso caballo que la llevará donde no quiere».

«La división demasiado acusada de la humanidad en razas (,…) no puede conducir más que a guerras de exterminio (…) Esto sería el fin de esta mezcla fecunda, compuesta de numerosos elementos todos ellos necesarios, que se llama humanidad».

Aunque sus argumentos son contundentes Renan ha infravalorado la potencia del virus. La fiebre nacionalista ya ha evaporado la razón de Strauss que, al no encontrar el respaldo del francés, publica un par de cartas despectivas y se desentiende del asunto.


En 1882 Renan imparte una conferencia en la Sorbona, en la que recoge alguna de sus conclusiones del conflicto alsaciano. El problema está cuando «se confunde la raza con la nación y se atribuye a grupos etnográficos, o más bien lingüísticos, una soberanía análoga a la de los pueblos realmente existentes». Renan distingue –y en esto se anticipa a Ignatieff- entre la nación étnica, basada en la raza, la etnia, la lengua, o cualquier otro criterio igualmente intercambiable, y las naciones realmente existentes formadas por mestizaje y sedimentación histórica. Y continúa desgajando los peligros de la primera, empezando por la asfixiante unanimidad que impone…

«Cuando se lleva a la exageración se encierra uno en una cultura determinada tenida por nacional, se limita, se enclaustra. Se abandona el aire libre que se respira en el vasto campo de la humanidad para encerrarse en los conventículos de los compatriotas. Nada peor para el espíritu, nada más lamentable para la civilización».

… y por la disolución en ella de las personas:

«No abandonemos el principio fundamental de que el hombre es un ser razonable y moral antes de ser miembro de tal o cual raza, un adherente de tal o cual cultura. Antes que la cultura francesa, alemana o italiana está la cultura humana».

Su conclusión es inapelable:

«La raza no lo es todo, como en los roedores o felinos, y no se tiene derecho a ir por el mundo palpando el cráneo de las gentes para después cogerlas por el cuello y decirles: “¡Tú eres de nuestra sangre; tú nos perteneces!”. Más allá de los caracteres antropológicos está la razón, la justicia, lo verdadero, lo bello, que son iguales para todos».


La humanidad frente a la compartimentación en tribus; la razón ilustrada frente al fervor irracional de la masa; la variedad frente a la unanimidad; las personas frente a las ensoñaciones colectivas. En suma, las sociedades abiertas frente al nacionalismo. Renan antepone la civilización frente a los bárbaros infectados de nacionalismo que amenazan los países desde fuera. Entonces ¿alguien puede creer que sentiría alguna simpatía por los que los amenazan desde dentro? ¿No es perfectamente ridículo que ahora los nacionalistas invoquen a Renan para legitimar sus pretensiones? ¿Cabe, en suma, estar más equivocado?

p.d. Es esta una historia realmente interesante que pueden encontrar ampliada aquí y aquí.

viernes, 8 de septiembre de 2017

INSERCIÓN LINGÜISTICA

6 de junio de 2010. Tras serle detectada sangre en las heces, Kepa Elortza Odriozola, vecino de Oñati, es remitido al especialista de Digestivo para que le sea practicada una colonoscopia: tendrán que transcurrir nada menos que diez meses para que ésta sea realizada. ¿Un caso alarmante de lista de espera? Pues no. Elortza, un patriota, un gudari, exigía ser atendido en euskera, y en ese momento, si bien había especialistas de sobra, no había ningún euskaldún disponible. De modo que, a pesar de entender perfectamente el castellano, y afrontando el riesgo de que la demora agravase una eventual enfermedad, decidió esperar a ser insertado en su lengua natal. He aquí un hombre que anteponía sus convicciones a su propia vida, y que ofrendaba a la patria su corazón y orificios no adyacentes.

También aquí tenemos patriotas similares. David Abril, sin ir más lejos, que sin dejarse arredrar por la escasez de facultativos, insiste en que a todo médico se le exija el requisito de estar en posesión del certificado correspondiente de catalán. ¿Y si no lo tiene? Pues no hay médico. Las prioridades quedan así claras y esto no nos debe sorprender: el nacionalismo siempre antepone la Idea a todo, ya sea a la ley, a los ciudadanos o a la salud. Al menos a la de los demás.

Es este un caso claro de antipolítica, que en lugar de solucionar problemas se dedica a crearlos donde no los hay. Lo cierto es que la actividad del personal asistencial de la sanidad balear es ejemplar –así es percibido por los usuarios- y desde luego no existen problemas de comunicación con los pacientes más allá de la imaginación del coportavoz de Més per Mallorca. Recordemos, por cierto, que no es que los médicos pretendan usar el arameo o el kikuyu: sencillamente la lengua común de España, que también es oficial en Baleares.

Afortunadamente la exploración de Elortza se limitó a detectar unas molestas hemorroides, pero podía haber sido mucho peor. Caben serias dudas sobre si los ciudadanos baleares estarían dispuestos a asumir un riesgo similar. En realidad cabe dudar también si Abril supeditaría su propia salud, y no sólo la del resto de los ciudadanos, a su proyecto identitario. En todo caso su actuación es perfectamente irresponsable.

Publicado en Mallorca Confidencial, 6 de septiembre de 2017.

martes, 5 de septiembre de 2017

EL ESTALLIDO DEL POPULISMO

«El comunismo ya no es el enemigo principal de la democracia liberal —de la libertad—, sino el populismo». Mario Vargas Llosa.


Entonces ¿qué es el populismo? ¿Existe un tipo ideal? ¿Comparten características comunes los populismos de distintos signos? A responder estas preguntas se dedica el libro que hoy comento. Para ello analiza, por un lado, la experiencia populista en distintos países sudamericanos –los brotes agudos en Cuba, Bolivia, Venezuela, Ecuador, Argentina y El Salvador; los más leves en Brasil y Chile- y, por otro, la nueva eclosión en Estados Unidos y Europa. Observen como en el momento en que los populismos están siendo desenmascarados en Latinoamérica, batiéndose en general en retirada, llegan a Europa, mucho peor preparada para comprenderlos. Por eso es imprescindible leer los relatos sudamericanos. Los populismos siempre llegan disfrazados, de modo que es preciso saber de antemano qué es lo que ocultan bajo sus vistosos ropajes. Tanto más en el caso español, que está directamente importado de allí [1].

He aquí alguna de estas características comunes.

1) El populismo divide a la sociedad en dos bandos irreconciliables. En un lado está “el pueblo”, las buenas gentes a las que los populistas prometen rescatar de los malvados que desde siempre las oprimen: los poderosos, las élites corruptas, la casta, los privilegiados, las “cúpulas podridas” (© Chávez), o “la trama” (© Iglesias). Evo Morales llegó al poder polarizando la sociedad en indios y blancos. En Cuba los desafectos a la Revolución son “vendepatrias” o “gusanos”. Pero quizás la mayor riqueza léxica corresponda al peronismo kirschnerista:

«Quienes no avalaban la forma de gobierno oficial fuimos “paracaidistas húngaros” (a decir de Néstor), “demonios de adentro” (a decir de Cristina), “chantas” (según el jefe de gabinete Jorge Capitanich), “ejércitos de gansos” (según el jefe de gabinete Aníbal Fernández); “zánganos” (según el diputado Mariano Recalde), “adláteres del desánimo” (según el diputado Agustín Rossi), “agoreros”, “cipayos”, “buitres”, “vendepatrias» y “gorilas», según las multitudes kirchneristas. Pero acaso el adjetivo más fuerte y exitoso fue el de “destituyentes”, creado por Carta Abierta, una organización de filósofos e intelectuales kirchneristas que cobraban buen dinero por darle un sentido teórico a la praxis del matrimonio».

El adversario queda reducido a la condición de enemigo al que hay que destruir para conseguir la felicidad del pueblo. Esta visión maniquea de la política -buenos frente a malos, luces frente a sombras- no es apta para la tolerancia ni permite espacios para el entendimiento: en suma, es poco compatible con la democracia liberal.


Pero la canalización y ampliación del rencor social es, precisamente, el ingrediente que hace atractiva la receta populista. Todas las sociedades en crisis necesitan un chivo expiatorio sobe el que descargar la frustración, la inseguridad y el miedo, en la creencia de que acabando con él acabarán con sus problemas: por eso los populismos brotan inmediatamente tras ellas. El éxito de los populismos, por tanto, no es ideología sino antropología. No es debido a una refinada construcción intelectual, sino a impulsos humanos particularmente destructivos. Por eso, aunque a nuestros populistas universitarios se escandalicen si leen esto, su populismo no es progresista ni moderno, sino francamente regresivo [2].

2) Por supuesto los populistas se arrogan la representación exclusiva de la “buena gente”. En realidad el proceso se invierte: serán incluidos entre la buena gente todos aquellos que se alineen con los populistas. En todo caso el populismo se presenta como una emanación del pueblo. Su representación se pretende más verdadera y legítima que la obtenida a través de los cauces de la democracia representativa, y de esto se deriva una importante consecuencia: el desprecio a la ley y su subordinación al proyecto populista.


Para los populistas las leyes que se interponen en su camino no son legítimas. Es normal: puesto que se consideran los únicos representantes de la voluntad del pueblo, si las leyes se los oponen es que el sistema no funciona. Pero además –esto en los populismos de izquierda- porque sobre las leyes recae la sospecha marxista de ser una mera superestructura de la explotación burguesa. La Constitución deja de ser entendida como lo que es, un freno para la arbitrariedad de los gobernantes, la garantía de la igualdad de los ciudadanos, y el marco para sus libertades. Y pasa a ser considerada un corsé o un “cerrojo”. El populismo hace así retroceder de golpe cuatrocientos años en la construcción de las democracias liberales. Desde luego la separación de poderes y los sistemas de checks and balances de la democracia liberal estorban igualmente, y serán debilitados o desmontados si el populismo llega a alcanzar el poder:

«Las revoluciones abundan en gritos contra los tiranos. Pero lo cierto es que no los encuentran en sus comienzos y sí, en cambio, los suscitan al final».

3) Derivado de lo anterior, y quizás porque es más sencillo centrar la representación en una persona concreta, el populismo parece requerir un caudillo, un líder carismático capaz de interpretar sin molestos intermediarios la voluntad del pueblo. Sobran sobre esto los comentarios, porque la experiencia en todos los países está a la vista.

4) Los populismos suelen ser adanistas. «Nunca antes en este país», era el lema de Lula da Silva. Creen que la verdadera historia empieza con ellos, pues hasta ese momento todo ha sido oscuridad y opresión. Si acaso el populismo se declara continuador de algún pasado mítico. Para la creación de ese pasado, y su implantación en el imaginario de los súbditos, los medios afines desempeñan un papel fundamental.


5) El populismo crea redes clientelares para mantener el apoyo de una parte de la sociedad. Para ello se embarca en insostenibles programas de gasto público –subsidios, pagas, gratuidades- generadores de un déficit presupuestario crónico que en su versión más grave acaba arruinando el país. Algunas de estas medidas, las Misiones chavistas, o los programas “Hambre Cero” o ”Usura cero” de Daniel Ortega, se envuelven en una cobertura virtuosa de atención a segmentos desfavorecidos –otros programas , como los kirschneristas “Fútbol para todos”, “Televisores para todos” e incluso "escalopes a la milanesa para todos", presentan una justificación más complicada-. –En todo caso los sectores más desfavorecidos, presuntamente amparados por el populismo, serán los que más sufran cuando se produzca la inevitable bancarrota:

«si el populismo luce agradable durante la fase inicial, cuando todavía hay recursos para gastar o empresarios a quienes exprimir, es harto conocido que cuando el dinero se acaba el populismo muestra los dientes y la violencia de Estado emerge con todo furor, tal sucede en tierras venezolanas».


En su versión más leve, cuando el caudillo populista es algo más prudente, el populismo desarrolla un capitalismo corrupto de compinches en el que el éxito en los negocios viene determinado por la cercanía al poder. Se crea así, en paralelo al empobrecimiento del país, una nueva elite de compinches multimillonarios. Conviene repetir esto: aunque con frecuencia la corrupción de viejos partidos anquilosados contribuyen a aupar al poder a los populismos, la corrupción que éstos desarrollan, una vez que han disuelto los controles de la democracia, es infinitamente peor.

6) El control de los medios de comunicación es imprescindible. Todo populista detesta la prensa libre, y si llega a alcanzar el poder se encargará de anularla. En Argentina se aprobó una Ley de Medios dirigida contra el grupo Clarín. Chávez cerró Radio Caracas Televisión (RCTV), la cadena más veterana y con mayor audiencia de Venezuela. Correa se dedicó a demandar con persistencia a El Universo y a periodistas concretos. En Bolivia:

«Según la Sociedad Interamericana de Prensa, en tres meses hubo «46 agresiones físicas verbales a los periodistas». En el 2008 se registraron 117 agresiones contra periodistas. Entre el 2010 y el 2016, en promedio, 60 por año (…) Fernando Vidal, director de Radio Popular de Yacuiba (frontera con Argentina), estaba denunciando, en vivo, el contrabando millonario, sobre todo de harina, que realizan grandes empresas del oriente boliviano en sociedad con el gobierno, cuando un grupo de encapuchados entró al cuarto de transmisión, lo rociaron con gasolina y lo quemaron».

Morales intentó ocultar sus continuos ataques contra la libertad de expresión promulgando una ley contra el racismo y la discriminación. En cuanto a Pablo Iglesias, cualquiera puede encontrar declaraciones emitidas cuando aún no disimulaba sus intenciones. En todo caso la distorsión del lenguaje y la razón, y el control de los medios, es imprescindible para ocultar la distancia entre la propaganda y la realidad.


Desgraciadamente los autores de este libro no han incluido la cursilería entre las características definitorias del populismo. Sin embargo desborda, por ejemplo, en la historia de la coronación de Evo Morales en las ruinas de Tiwanacu:

«La puesta en escena mostraba la inusitada metamorfosis del líder del sindicato de cocaleros en monarca. La prensa internacional y el Occidente biempensante quedaron convencidos de que el hombre de batón colorido y tocado de mandarín era un auténtico jefe indígena en contacto telúrico con su cultura ancestral. Un pope aimara lo proclamó Apu Mallku (líder supremo) (…) El coronador tenía un inalterable gesto de gravedad, aunque en su gorro vernacular llevara bordado un sol sonriente. Cinco años más tarde fue detenido en posesión de 240 kilos de cocaína».

Y en el acceso al poder de Correa: «El populismo de la llamada Revolución Ciudadana llegó al poder ufanándose de estar liderado por “mentes lúcidas, corazones ardientes y manos limpias". Inmediatamente creó un Ministerio del Buen Vivir, y convirtió las escuelas en centros de adoctrinamiento llamados Centros Infantiles del Buen Vivir (CIBV). Con estos mimbres Correa dio los primeros pasos para promover una utopía utilitarista en Ecuador:

«Un funcionario del gobierno incluso llegó a promover la felicidad como objetivo nacional, por supuesto que éste era nada más y nada menos que el secretario del nuevo Ministerio del Buen Vivir. Otro miembro del gobierno sostuvo en una publicación del Estado que es posible calcular la felicidad de todos los habitantes del país —excepto los indígenas, para quienes el autor la calcula «por separado»— en torno a una fórmula matemática».

Dejaré para otro momento la mano de Fátima, los Árboles de la Vida, la Cábala y los ojos de Horus, todas ellas aportaciones de Daniel Ortega. Pero es que, como recuerda el libro, según Bernard-Henri Lévy una de las características del populismo es la promesa de milagros.


Ya se habrán dado cuenta de que el nacionalismo comparte las características del populismo. Como recuerda Cayetana Álvarez de Toledo «basta escarbar con la yema de un dedo para descubrir entre los separatistas y Podemos un entramado de similitudes».

Terminemos con una cita de María Corina Machado:

«La única solución viable es la democracia liberal porque fue ésta —la que surgió en la Modernidad— la que contempló un diseño institucional capaz de dividir el poder del Estado en varias ramas, al amparo de una constitución y en el marco de un Estado de derecho, en resguardo siempre de la libertad de cada ciudadano (…) La defensa de sus instituciones pasa por el ejercicio de todos los recursos de la ley para combatir a quienes, disfrazados de demócratas, no buscan más que ampararse en un régimen de libertades para terminar implantando regímenes que las conculcan».

El estallido del populismo. Álvaro Vargas Llosa, Enrique Krauze, Yoani Sánchez, Carlos Alberto Montaner, Sergio Rámirez, Fernando Luis Schüler, María Corina Machado, Gerardo Bongiovanni, Gabriela Calderón, Plinio Apuleyo Mendoza, Juan Claudio Lechín, Roberto Ampuero, Cristián Larroulet, Cayetana Álvarez de Toledo, Lorenzo Bernaldo de Quirós, Mauricio Rojas. Prólogo de Mario Vargas Llosa. 2017.

Notas.
[1] Recuerda Juan Claudio Lechín que la constitución boliviana «fue hecha por el Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS) de Valencia (España) de Rubén Martínez Dalmau y Roberto Viciano Pastor, expertos en constitucionalismo cubano. Anteriormente hicieron la Constitución bolivariana de Chávez. Al terminarla se quedaron en el palacio de Miraflores los juniors de esa organización: Pablo Iglesias, Íñigo Errejón y Juan Carlos Monedero. Años más tarde, fogueados y financiados, harían su ingreso rutilante en la política española (…) Martínez Dalmau y Viciano Pastor también pergeñarían la Constitución ecuatoriana de Rafael Correa. Las tres cartas magnas —la de Venezuela, Bolivia y Ecuador— se divulgaron como autóctonas. En lo medular buscaban legalizar dictaduras democráticas con reelección del caudillo y concentración del poder. Eran “proyectos incompatibles con el Estado de Derecho”».

[2] Tanto que los populismos son sorprendentemente parecidos a movimientos milenaristas. O a los gnósticos, como destacó en su momento Voegelin.

martes, 15 de agosto de 2017

MANCHESTER BY THE FACE

(¡Atención spoiler! Aunque me lo agradecerán)


El protagonista es un hombre taciturno, adusto, diríase con cierto retardo. Trabaja de ñapas y ocupa su ocio emborrachándose y buscando bronca. Pero no siempre fue así: el espectador aprende que en algún momento fue un padre jovial y cariñoso con sus tres hijos. Tiene además un hermano de salud débil cuya muerte desencadenará la historia. Pero en sus primeros compases se limita a ser un ejemplo más de cine deprimente, ese género en el que director y espectadores se regodean en situaciones sórdidas que aparentemente pretenden reflejar la realidad cotidiana. Ocurría con cierta frecuencia en España en la Transición, y ahora en México en las películas en las que aparece Gael García Bernal. ¿La historia del oscuro marmolillo es, pues, un reflejo de lo cotidiano? Lo veremos.

El caso es que el hermano que fallece deja un hijo, un adolescente follador cuya tutela encomienda inopinadamente al protagonista. ¿A semejante sieso? Pues sí. El protagonista, dentro de sus límites, simpatiza con el adolescente, parece existir cierta química entre ellos, y eso hace albergar ciertas esperanzas de recuperación y normalización de las cosas. Pero entonces ¿qué ha pasado? ¿Cuál es el episodio que ha dejado tan malparado al protagonista? El director, dispuesto a demostrarnos que no hay que juzgar por las apariencias, que el pasado nos puede ayudar a comprender y ser más benevolentes con comportamientos erráticos, y convencido en definitiva de que vamos a acabar adorando al protagonista, nos lo cuenta.

Resulta que el protagonista organiza en su casa una juerga con amigotes, en la que no sólo se emborrachan como topos sino que consumen cantidades homéricas de cocaína. Cuando finalmente la mujer echa a los amigos alborotadores, el protagonista, absolutamente ciego pero incapacitado para dormir por la cocaína, decide encender la chimenea. Decide también que aún no ha bebido lo suficiente, y dado que las cervezas se han acabado marcha a por ellas. A medio camino sospecha que ha olvidado poner la pantalla protectora, la que impide que un tronco salte y prenda fuego a la casa, pero sopesando riesgos con cervezas decide seguir adelante. Cuando finalmente vuelve con las cervezas la casa está en llamas y sus tres hijos calcinados.

Esta asombrosa irresponsabilidad va, obviamente, mucho más allá de un mero accidente, pero el director está tan confiado en nuestra simpatía que pretende hacernos creer que la ex mujer del protagonista -la madre de los niños abrasados por la imprudencia-, en lugar de haber contratado a un sicario continúa enamorada del protagonista y pretende volver con él. Antes de finalizar la película, por cierto, el peligroso idiota está a punto de calcinar también a su sobrino tutelado.

Así que esto es lo que hay. Lo único notable es el parecido de Casey Affleck, el protagonista, con Oriol Junqueras si éste último perdiera súbitamente veinte kilos.

Manchester by the sea (2016). Kenneth Lonergan