jueves, 25 de enero de 2007

EL PRAGMATISMO DE RAMONEDA

De un lado, los fanáticos: ETA y el PP. En ambos casos, estamos ante un tipo de mentalidad "atraída por los absolutos, las supuestas certezas morales y las dicotomías simplistas". Estos excesos convierten a las personas en criminales o meapilas, según los casos. Pero, afortunadamente, entre ambos grupos vociferantes, están los pragmáticos. Como Ramoneda. Como el Gobierno. Según el primero “frente al ruido ensordecedor de los fanáticos, necesitamos alguna dosis de pragmatismo realista, que aplique la ley con la sutileza y la atención necesaria a los hechos concretos y que no convierta sus certezas en certidumbres absolutas”. Y termina Ramoneda, de un modo un tanto enigmático, afirmando que “A menudo olvidamos que éste debería ser el espíritu de toda deliberación democrática”.

Pragmatismo pues. Y a partir de él, cabría esperar una declaración de Ramoneda similar a ésta: hay que liberar a De Juana Chaos porque conviene al Gobierno, y las consideraciones de tipo moral o de dignidad, propias de fanáticos, deben ceder frente a esta cuestión práctica. Sin embargo, no se atreve, posiblemente porque se da cuenta de que sería difícil de digerir para sus lectores. Y, en una muestra más de pragmatismo, decide disimular. Y, sin dejarse intimidar por las exigencias de la lógica (sigamos siendo prácticos), desarrolla una pintoresca argumentación destinada a defender dos cosas. En primer lugar, que la prisión atenuada es la mejor alternativa ya que “deja en manos de De Juana la decisión de morir o no morir, sin que el Estado le fuerce en ninguna de las direcciones. Una vez en su casa, fuera del factor de coacción que es un establecimiento penitenciario, si De Juana decide seguir la huelga no habrá ninguna ambigüedad. El Estado habrá hecho lo que tenía que hacer para evitar su muerte, él no habrá querido”. Y en segundo, que ceder a un chantaje terrorista revela, en realidad, la superioridad moral y humana del Estado (olvidando que hablar de moral es, según él, propio de fanáticos): “Si los jueces adoptan esta decisión, el Estado no habrá cedido lo más mínimo. Simplemente se habrá confirmado la superioridad moral y humana del Estado de derecho frente a la lógica terrorista”.

Un artículo pragmático, en ocasiones hermético y en todo momento emético.

miércoles, 24 de enero de 2007

EL HUMANITARISMO DE "EL PAÍS"

¿Tiene el Gobierno intereses en liberar a De Juana Chaos, y está dispuesto a anteponerlos a la dignidad del Estado? De ningún modo, nos aclara El País: “Debe quedar claro que si se hiciera así sería por razones humanitarias”, añadiendo a continuación en tono virtuoso “¿Qué tribunal dejaría de utilizar las opciones existentes en el marco legal para tratar de evitar que un preso que está bajo su custodia, y sobre el que todavía no pende una condena definitiva, fallezca o padezca lesiones irreversibles?” Por eso el Gobierno “además de alimentarle, no podrá hacer otra cosa que mejorar su situación penitenciaria, que es lo que está en su mano”.
Pero ¿ello no supondría que el Estado cediera ante el chantaje de un terrorista? No, no, no, continúa El País. La liberación se realizaría “utilizando para ello la circunstancia favorable de que la sentencia no es firme”, ya que fue recurrida ante el Supremo, lo que “deja un margen para adoptar determinadas medidas” a favor de De Juana Chaos “sin que ello suponga acceder a sus exigencias”.Es muy sencillo. Basta con que los dos artículos que realizó en prisión y fueron publicados en Gara sean “finalmente considerados amenazas no terroristas, en línea con la calificación alternativa propuesta por el fiscal en la vista del juicio oral” Es difícil entender que las amenazas de un terrorista sean consideradas amenazas no terroristas, pero todo puede solucionarse con un par de arabescos jurídicos. En realidad, afirma El País, ya ha habido ”juristas muy respetables que han considerado desproporcionada una condena tan severa”, refiriéndose posiblemente a Conde Pumpido.

martes, 23 de enero de 2007

SOBRE MI INCAPACIDAD PARA VER A HITCHCOCK (1)


No afirmaré mi pertenencia al grupo de los que creen que Hitchcock es uno de los más grandes directores de cine. No creo, sin embargo, que ni aún sus más fieles seguidores puedan negar la existencia dentro de sus películas de escenas tan exageradas que resultan ridículas. “Vértigo” puede servir de ejemplo. Kim Novak se pasa toda la película intentando adoptar una expresión enigmática que a los espectadores se les acaba presentando como síntoma de una inteligencia obtusa. En la última escena de la película, como justificando las sospechas de aquéllos, se cae desde lo alto de un campanario. Y entonces, para enfatizar el dramatismo de la situación, Hitchcock hace aparecer una monja que ha sido testigo del accidente y que, sin alterarse en lo más mínimo, realiza un comentario del tipo “¡Vaya por Dios!” y se pone a tocar las campanas.

En “Cortina Rasgada” podemos encontrar abundantes escenas de este tipo. Paul Newman representa a un científico estadounidense que ha desertado y pasado a un país del Este. Esta deserción no es sincera, y está motivada por el deseo de obtener información de un científico comunista, que ha avanzado más que él en investigaciones de balística. Paul Newman tiene que contactar con una organización clandestina para que le ayude a preparar su fuga, y de este modo llega a una granja, cuya propietaria es miembro de la organización. Sin embargo, ha sido seguido de cerca por un miembro de la policía secreta que aparentemente en ningún momento ha creído en su sinceridad. Una vez reunidos todos en la granja, por un descuido del profesor, el policía descubre el tinglado y manifiesta cruelmente su intención de detenerlos a todos y enviarlos a la Siberia de turno. Se produce entonces un forcejeo que cabría esperar en películas de Charles Chaplin. Moviéndose casi a cámara lenta, como si se encontrasen debajo del agua o ambos tuvieran mas de ochenta años, el profesor aplica unA llave para inmovilizar al policía. A pesar de lo inofensivo de ésta y de las continuas admoniciones del agente (“No sabe lo que está haciendo”, “soy experto en todo tipo de artes marciales”, “puedo hacerle mucho daño”…etc) éste no consigue librarse de ningún modo. A continuación comienzan a moverse abrazados, un-dos-tres, un-dos-tres, de un lado a otro de la habitación en un movimiento por completo desprovisto de violencia. La granjera entonces decide tomar alguna iniciativa. Agarra un enorme cuchillo y se dirige a la recién formada pareja, ante el sobresalto de ambos. Consigue, para alivio de Newman, clavar el cuchillo en el cuello del policía. Fascinados y horrorizados por la acción todos se separan, y se produce un momento de expectación que es resuelto por el agente al lanzarse hacia la ventana, abrirla e intentar alertar a unos compañeros que se encuentran en las inmediaciones. Newman y la granjera, reaccionan, se abalanzan sobre él, le agarran los brazos, tapan su boca y cierran la ventana. A pesar de las circunstancias la sucesión de gestos resulta metódica y desprovista de urgencia y precipitación. No acaban aquí las penurias para el policía (y para el espectador). Como no saben como liquidarlo definitivamente Newman y la granjera contemplan el horno e intercambian una mirada de inteligencia. Poco a poco proceden a arrastrarlo por el suelo hasta su boca. Hitchcock elige la perspectiva subjetiva del agente a fin de que el espectador pueda apreciar como se van agrandando las fauces del horno conforme lo van arrastrando de una manera inexorable hacia él.

Hay otra escena memorable de este mismo film que se desarrolla cuando Paul Newman está extrayendo información de su colega comunista desarrollando en una pizarra fórmulas y ecuaciones supuestamente complejas con el fin de que aquél las complete y revele sus descubrimientos. Estas formulas son tan pueriles que hacen pensar en aquella de 2p2+k2ya+a2x1/5.

Otra escena maravillosa la encontramos en “El hombre que sabía demasiado”. Pero de esa hablaremos otro día.

lunes, 22 de enero de 2007

RETORNO A 2001






La ciencia-ficción es considerada habitualmente un género literario menor, entretenido pero sin mayor interés estético o intelectual. Contribuye decisivamente a ello el hecho de que normalmente se han dedicado a ella editoriales pequeñas, que no han dudado en presentar portadas repletas de vistosas naves espaciales, alienígenas plagados de tentáculos, y, en ocasiones, mujeres semidesnudas perseguidas por éstos. Por esto queda muy bien presentar una biblioteca cargada de libros de Camus, Musil o Canetti, pero el sabihondo de turno que acuda a una casa y vea libros de Robert Henlein, Larry Niven o Jack Vance esbozará una sonrisa de condescendencia. A veces, sin embargo, llega a manos de algún miembro de la cultura oficial un libro de ciencia-ficción. Lo hojea, suponemos que con desgana, y acaba gustándole. Sufre entonces un proceso de revelación y proselitismo, por el que se convence de que acaba de descubrir el género y decide hacer partícipes de su descubrimiento a los demás. Esto es lo que conjeturo que ocurrió a Kubrick al leer “El centinela” de Arthur Clarke.

La película de Kubrick pasó a ser un hito en la cinematografía de ciencia-ficción, y se convirtió en lo que vagamente se llama una obra “de culto”. Esto, de paso, dio gran fama al libro y a su autor. Pero ¿son en realidad tan buenos una y otro? Veamos lo que nos cuentan ambos.

La película consta de cuatro fases. En la primera, se nos presenta una tribu de simios homínidos en los albores de la humanidad. Llevan una existencia más bien lúgubre. Se alimentan de bayas y frutos que obtienen compitiendo con unos cuadrúpedos herbívoros, no mucho menos sofisticados que ellos, y son frecuentemente atacados y devorados por depredadores. También tienen problemas territoriales: sus intentos de ampliar su lebensraum y explorar otros horizontes chocan con la hostilidad de otras tribus de la misma especie. Un buen día, esta tribu encuentra un monolito, de aspecto perfectamente regular. Al contacto con él sucede algo singular: los miembros de la tribu aprenden. Aprenden, en esencia, a utilizar herramientas, lo que les proporciona un instrumento formidable para comenzar a dominar su entorno. Efectivamente, inmediatamente utilizan armas rudimentarias contra los herbívoros, los depredadores y las otras tribus. Los primates han comenzado a avanzar.

En la siguiente fase nos encontramos ya en el año 2001. La humanidad ha evolucionado hasta comenzar a conquistar el espacio. Ha construido estaciones espaciales que giran en torno a la Tierra, y ha creado bases permanentes en la luna, conectada con la Tierra mediante vuelos regulares. Es en la luna donde se ha descubierto algo extraño: un potente campo electromagnético en una zona deshabitada, que delata la existencia de un objeto enterrado. Al realizar las excavaciones para descubrirlo, sale a la luz un segundo monolito, que, al ser desenterrado, emite una señal dirigida a un tercer monolito que permanecía ignorado en Júpiter.

La tercera fase está constituida por el viaje a Júpiter. Es el primer vuelo tripulado a ese planeta, y la tripulación está formada por dos astronautas, tres técnicos en estado de hibernación y una computadora, HAL 9000. HAL 9000 posee una inteligencia, digamos, humana, y como tal, no esta libre de pensamientos aberrantes. En realidad parece comenzar a mostrar síntomas paranoicos, por lo que los astronautas deciden desconectarla. Esto es advertido por HAL 9000, que para evitar su muerte decide eliminar a toda la tripulación. Consigue un éxito parcial, pero es finalmente desactivada por el único superviviente.

En la última fase, el astronauta superviviente ha llegado a Júpiter. Entonces experimenta una serie de sensaciones psicodélicas, es proyectado por un vertiginoso túnel de luces y sonidos, acaba llegando a un cuarto ocupado por él mismo en su vejez (también aparece un monolito), y finalmente parece retroceder al claustro materno en versión cósmica, flotando en una bolsa de líquido amniótico interplanetaria. Esto es lo que nos presenta Kubrick, y con este mensaje críptico es complicado sacar alguna conclusión.

Ante este final sorprendente el espectador se encuentra con un serio dilema. Por un lado, es difícil admitir que Kubrick no haya sabido relatar correctamente la historia. Y es aún más difícil aceptar que uno no es lo bastante listo como para entenderla. Por ello, todo el mundo se apresura a hacer pintorescas interpretaciones del asunto del monolito.

Ante las dudas, podemos acudir a '2001', el libro que Clarke desarrolló como guión de la película sobre el relato original, y éste resulta ser sumamente clarificador. El argumento es el siguiente. Hace cuatro millones de años una raza extraterrestre visita la Tierra. Se trata de una raza super-inteligente que domina el viaje espacial. Su misión en la Tierra consiste en ayudar a que la especie humana evolucione hacia la inteligencia, y para ello se sirve de los monolitos. El primero de ellos cumple la función de transmitir los conocimientos necesarios para que los primates den un primer salto evolutivo. Los siguientes permanecerán ocultos hasta que la humanidad consiga desarrollar los viajes especiales y tomar contacto con ellos. El monolito de Júpiter proporcionará al que lo alcance un segundo compendio de conocimientos y sabiduría que permitirá a la especie humana realizar un segundo salto, hasta un escalón superior de la inteligencia. Podemos imaginar a estos seres recorriendo la galaxia realizando un incansable trabajo de siembra de conocimiento.

Todo el libro de Clarke trata por tanto de la inteligencia, y refleja sus concepciones sobre el asunto. Por ejemplo, Clarke no parece concebirla como algo lineal, sino a saltos: especie animal, especie inteligente, especie super-inteligente. Y podría decirse que defiende un concepto unitario de la inteligencia: o se es inteligente o no se es. Y, de forma coherente, nos presenta la inteligencia artificial de HAL 9000 desde una versión humanizada, dotándole de emociones también humanas. En el estadio superior que permitirá alcanzar el monolito de Júpiter, Clarke nos insinúa la transformación del hombre en un ser vagamente energético, libre de las ataduras de la materia, lo que supone una continuación de la discusión entre cuerpo y alma, materia y espíritu. Esta contraposición entre materia y energía me parece falaz, ya que los etéreos fotones son tan físicos como los groseros compuestos de carbono (aunque, eso sí, no hacen caca) Un libro interesante, desde luego.

En cuanto a la película, Kubrick relata bien las tres primeras fases, y se pierde irremediablemente en la última. Creo que, indiscutiblemente, es un error esencial que el director cuente la historia de manera que un espectador razonablemente inteligente no pueda entenderla, de modo que lo de obra maestra vamos a dejarlo. Además la película tiene un problema adicional. El director se recrea tanto en las escenas que resultan sorprendentemente largas. Esta longitud, que excede cualquier medida lógica, sólo podemos entenderla si escuchamos la voz de Kubrick diciéndonos lo siguiente: “Ya sé que mis escenas son cinco veces más largas de lo necesario. Pero son tan bonitas, y con una música tan maravillosa, que os van a fascinar”. Es, por tanto, una película pretenciosa.

Propongo por todo ello que esta película sea utilizada, junto al “Ultimo tango un París”, como arma para detectar a los pelmazos con ínfulas intelectuales (serán todos aquellos que las califiquen de sublimes, manifiesten que la de Bertolucci es una reflexión genial sobre la soledad del ser humano o realicen interpretaciones rebuscadas sobre el monolito) para, a continuación, apalearlos.

miércoles, 17 de enero de 2007

SUSO DE TORO NO DEFRAUDA


Comienza Suso de Toro explicando la diferencia de reacciones entre EE.UU. y España a sus respectivos atentados de 11-s y 11-m. Lo esencial para Suso consiste en que, mientras en USA la población se unió en torno al Gobierno, en España se produjo un cisma en la ciudadanía. Extraño, piensa uno, ¿irá ahora Suso de Toro a criticar la agitación realizada por los medios afines a los socialistas en las jornadas posteriores al atentado? ¿Tal vez la violación de la jornada electoral por Rubalcaba? ¿O quizás la convocatoria de agresivas manifestaciones ante las sedes del PP? Pues no, lo que está criticando Suso es que el 14-m, tras el triunfo socialista, los votantes del PP acudieran a la sede de Génova para apoyar a sus líderes (en lugar de ir a Ferraz, supongo) A partir de aquí, Suso comienza a hacer complicadas filigranas argumentales, difíciles de seguir para los no iniciados, que concluyen con la tajante afirmación de que el PP nunca sintió dolor por el atentado ni sintió a las víctimas como propias.

Suso manifiesta estar pasmado por la posición tan extrema que ha adoptado la derecha, explicable, según él, por su “casticismo” (sic) Y después se lanza a describir la política de los populares de una manera que, curiosamente, encaja notablemente bien con la de los socialistas: “agitando y usando la mentira”, “entorpeciendo las instituciones”, “lo ensayó en los años 30”, “pudo realizar su proyecto nacionalista”, “enfrentar Comunidades”, “separa política, social y territorialmente; pasmosa su irresponsabilidad y su falta de sentido de Estado”

Suso continúa haciendo un perspicaz análisis del terrorismo (“nada más inútil y menos rentable que el terrorismo etarra; en tantos años no ha conseguido ningún resultado político, ninguno”) y finaliza, por si no hubiera quedado claro, afirmando quién lo ha hecho bien y quién mal: “El Gobierno hizo lo que debía. Quien hizo lo que no se debía de hacer jamás fue esta derecha”. También ha hecho lo que debía Suso, es decir continuar con su infatigable tarea de proctoosculación al Gobierno socialista.

P.D. El artículo de “El País” finaliza con una escueta nota: Suso de Toro es escritor, algo que no cabría adivinar de la lectura del artículo.

martes, 16 de enero de 2007

ENTREVISTA A ZAPATERO TRAS LA T-4

He aquí un juego.

La entrevista a Zapatero que sigue a continuación está inspirada en la que Javier Moreno le realizó el 14 de enero en El País, tras el atentado de la T-4. Mi versión es apócrifa, pero no del todo. Para empezar, las preguntas son verdaderas. Pero, lo que puede resultar más sorprendente, hay alguna respuesta que también lo es. ¿Cuál? Decídanlo. Una pista: quizás las auténticas no son las menos estúpidas.

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P. ¿Por qué tardó tanto en comparecer ante la opinión pública el día del atentado?
R. Porque estaba en Doñana. Tuve que entrar en Google para buscar un vuelo, coger un cepillo de dientes y una muda. Sólo tarde nueve horas, así que no acabo de entender que me digan que llegué tarde. Imagínese antes, que había que volver por Despeñaperros en diligencia. Bueno, y además entonces no había tele.

P. En aquella primera intervención suya, a las seis de la tarde del día 30, no utiliza usted la palabra "ruptura". ¿Por qué?
R. Dije que ETA había roto el diálogo, porque era radicalmente incompatible un proceso de paz con un atent... con una acción de esa naturaleza. ¡Vaya! Casi se me escapa otra vez.

P. Usted dijo exactamente: "He ordenado la suspensión de todas las iniciativas...". Yo pensé, y a muchos ciudadanos no se les escapó, que "suspender" tiene un matiz temporal claramente distinto de romper...
R. (Mirando alrededor con aire de perplejidad) Estooo... estamos en “El País” ¿no es cierto?

P. En cualquier caso, volviendo a la "ruptura", el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, sí utilizó ese término, lo que dejó una percepción en cierta parte de la sociedad de que había matices distintos entre el discurso del presidente del Gobierno y el del ministro del Interior.
R. En fin, le contesto por obligación, pero realmente es una de las cosas más absurdas que he oído en los últimos tiempos. Realmente lo que me pide el cuerpo es mandarle a tomar por saco, pero todo sea por el talante. ¿Cuál era la pregunta?

P. Extrañó también que volviera usted a Doñana después de la comparecencia del día 30. ¿Podría explicar cuáles fueron las razones?
R. Tenía allí a toda mi familia, y había que cerrar bien la casa. De otro modo, se deteriora mucho durante el invierno. Entre nosotros, también quería evitar tener que acudir al funeral de alguno de los accidentados, y pensaba enchufárselo a Alonso, que tiene permanentemente cara de velatorio (se ríe).

P. En cualquier caso, ¿no ha habido ni antes, ni a raíz del atentado, distintos puntos de vista dentro de su equipo de Gobierno sobre cómo se había procedido o sobre cómo hay que proceder a partir de ahora?
R. En absoluto. Y vuelvo a subrayar que me sorprende, ¿no? Es decir, que uno está muy acostumbrado a leer muchas veces noticias y cosas que, cuando eres presidente del Gobierno, tienes mucha información y sabes que están mal orientadas. Pero no, no, en absoluto. Yo creo que eso, en todo caso, forma parte de alguna especie de intoxicación que también comprendo y que también asumo. Cuando los ciudadanos me dieron su confianza siempre les manifesté que actuaría con honestidad y diciendo la verdad de la acción de Gobierno en los momentos fáciles y sobre todo en los difíciles.

P. ¿Ha comprendido usted la pregunta?
R. No. Realmente, no

P. "Nunca volveré a negociar con ETA". ¿Puede asumir esa formulación?
R. ¡Hombre! ¡Tampoco hay que ponerse tan dramáticos!

P. Perdone que vuelva a las discrepancias: quizá las palabras del ministro se malinterpretaran, pero The New York Times afirmó, tras una entrevista con Rubalcaba, que el Gobierno nunca volvería a negociar con ETA. "Never again", en inglés.
R. Vuelvo a insistir, no hay ninguna discrepancia. En fin, comprendo la insistencia, pero no es éste el momento de hablar del futuro. De verdad. Por ejemplo ¿sabe que en Doñana vimos una familia de cervatillos?

P. Es evidente que el Gobierno disponía de una serie de informaciones, algunas públicas (declaraciones, el creciente desafío de la violencia en la calle, el robo de pistolas) y otras que no lo eran (informes de los servicios secretos y de las policías de Francia y España), que a veces podían ser contradictorias. Pero lo cierto es que se optó por dar más valor a los que apuntaban que el proceso de paz iba consolidándose, frente a los que sugerían que la banda terrorista se estaba moviendo. ¿Fue un exceso de voluntarismo, de querer creer que las cosas iban bien, un error catastrófico de apreciación de la información de la que se disponía?
R. Distingamos dos planos. El Gobierno ha tenido toda la información de que ha podido disponer humanamente. Ése es un plano en el terreno de la situación, de las posiciones de la banda ETA. Y otro es lo que representa un atentado. Los responsables del Estado en materia de prevención del terrorismo siempre están permanentemente tratando de obtener la información adecuada. Y de evitar lógicamente cualquier tipo de violencia, un atentado, o cualquier tipo de violencia. Ése es un terreno difícil. Lamentablemente, ha sido difícil durante 40 años, y ha habido muchos atentados que se han producido en nuestro periodo democrático. Y los primeros que lógicamente han intentado y han luchado para prevenir han sido los propios servicios del Estado y todos los Gobiernos.

P. Realmente ¿ha entendido usted su respuesta?
R. No. Ciertamente, no.

P. En cualquier caso, el análisis de toda esa información le llevó a declarar el día 29, apenas unas horas antes del atentado, que, respecto al proceso de paz, España iba a estar "mucho mejor" dentro de un año. La frase seguramente quedará en la memoria como una de las más desafortunadas de su mandato. ¿Fue ingenuidad? ¿Fue un enorme error de apreciación?
R. Si no se contextualiza globalmente... Había un dato objetivo: era el último día del año. Por tanto, las posibilidades de un atentado eran muy pequeñas: 1 entre 365 ¿o eran 365 entre 1? Yo comparaba cómo estaba la situación hace cinco años, hace cuatro, hace tres, hace dos. (Vuelve a reír) Y el otro día un bromista continuaba la secuencia como si se tratase una cuenta atrás: ...hace tres, hace dos, hace uno ¡Booom! ¡Qué bueno!

P. En momentos de crisis como los que estamos atravesando, los ciudadanos, de forma instintiva, buscan refugio en las instituciones y, especialmente en el presidente del Gobierno. Yo me atrevería a decir que hay muchos ciudadanos, muchos de ellos votantes del Partido Socialista, que estos días han echado de menos un liderazgo más marcado.
R. Es verdad ¡Pobretes! Pero bueno, lo que he recibido ha sido muchísimas muestras de apoyo y de ánimo en estos días, desde el día 30, de los ciudadanos y de mucha gente que normalmente ha venido apoyando este proyecto. E incluso de gente que no lo apoyaba. Todo ello en el blog de Pepe Blanco.

P. ¿Con qué elementos va a afrontar la nueva etapa que se abre ahora? Porque el entendimiento con el PP parece del todo imposible de recomponer.
R. En mi opinión y en mi decisión voy a seguir trabajando por tener la máxima capacidad de diálogo con el Partido Popular en la lucha antiterrorista. A nadie le extrañará que esta afirmación sea creíble. Porque está avalada por mi actitud como líder de la oposición durante cuatro años, que fue de pleno apoyo y respaldo al Gobierno de Aznar en la lucha contra el terrorismo. Pleno apoyo y total respaldo. (Ríe, esta vez a carcajadas) Discúlpeme, no he podido evitarlo. En cualquier caso, como considero que es bueno para el país, bueno para el Estado el tener diálogo, colaboración, yo seguiré intentándolo, seguiré intentándolo (Cuando finalizan las convulsiones se seca las lágrimas de los ojos) ¡Ay! ¡Qué bueno!
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