lunes, 23 de abril de 2007

SOBRE LOROS Y MOSQUITOS

Un troll ha aterrizado en el blog de Santiago González. Se llama "mosquito", y no está mal puesto el nombre: es insignificante pero molesta lo suyo. Sin embargo, como suele ocurrir con los trolls, creo que esta es la especie a la que pertenecen: loro de pirata.

Como buenos loros, van siempre en el hombro de su correspondiente pirata. En este caso, el pirata es el partido, grupo o secta a los que se adscriben. Por ejemplo, el pirata de nuestro reciente loro parece ser el Gobierno.

Los loros gritan siempre contra lo que tienen enfrente. O, mejor dicho, contra lo que su pirata tiene enfrente en cada momento. Pero los piratas se mueven, a veces violentamente. Por ejemplo, el Gobierno-pirata actual decidió realizar hace tres o cuatro años un violentísimo bandazo en materia de lucha antiterrorista. ¿Qué pasa cuando el pirata se mueve y altera su posición? Pues que el loro, con las plumas despeinadas en función de lo brusco del movimiento, continúa gritando, con la misma energía que antes, contra lo que ahora tiene delante, que puede muy bien ser, precisamente, la posición que el pirata acaba de abandonar. Un ejemplo: nuestro loro actual chillaba ayer contra Rosa Díez, que ocupa actualmente la misma posición que su pirata (del loro) ocupaba hace tres años.

Por ello, la argumentación del loro es siempre circunstancial (de lugar) Ante esto, una persona se vería inmersa en serias dudas intelectuales, pero los loros no tienen este problema. Los loros agitan las alas y siguen chillando. Lo cuál les acaba resultando útil, porque, lamentablemente, hasta las opiniones de los loros se acaban promediando.

martes, 17 de abril de 2007

SUSO EL DEMIURGO



Pero ¿por qué dejamos de prestar atención a Suso? El filósofo y escritor explicita en El País, con enternecedor candor, lo que los nacionalistas llevan años imponiendo sin ruido.



Suso está preocupado porque, según él, la imposición del gallego, a diferencia de lo que ocurre en Cataluña y el País Vasco, no acaba de cuajar. Suso se da cuenta de que la opción entre el gallego y el castellano debería ser una mera decisión personal, pero no le mola porque “(...) estamos optando por que desaparezca. Y no es un asunto cultural, es una parte más de un gran problema: nuestro fracaso histórico como país, el fracaso del gallego es el fracaso del país de los gallegos”

Pero si es la sociedad la que debe optar por el idioma, y no lo hace voluntariamente ¿qué hacer? Pues obligarle. Hacer que la única vía de progreso personal pase por el conocimiento del gallego. “En Euskadi y Cataluña todos saben que para integrarse y ascender socialmente hay que ser euskaldún o catalánhablante. Y por eso los padres castellanohablantes, en gran parte inmigrantes a esas sociedades prósperas, animan a sus hijos a que hablen catalán. Porque la mayoría queremos lo mejor para nuestros hijos y nos adaptamos a las reglas del juego vigentes en cada situación o lugar (doctrina Regás). Con los hijos no se juega. (así que ¡a agachar la cabeza y tragar!) El castellano es, en estas familias de inmigrantes que desean integrarse, la lengua doméstica (probablemente, en el ideal de Suso, debería limitarse a ser la del servicio doméstico) y la otra, la del mundo social y profesional. Porque existen clases dirigentes y mundos profesionales poderosos que no se avergüenzan de ser vascos o catalanes sino que, al contrario, están orgullosos y garantizan la existencia de su cultura e intereses, de su país.”

“El gallego sólo vivirá si la gente ve que es útil: que es necesario para prosperar aquí. Si tiene poder” El asunto no es trivial, porque si perdemos el idioma, ¿qué nos queda de la mitología gallega? ¿Cómo construir un país? Por eso Suso anima a los dirigentes a que estén a la altura de su labor histórica: “Y o (una coma, por favor) improvisamos mágicamente unas élites dirigentes que tengan cultura, orgullo y sentido nacional, decantación que lleva décadas o cientos de años, o bien hará falta una gran decisión política: un proyecto político nacional compartido por todos para hacer de estas diputaciones un país” ¡Cientos de años con Suso decantando! O bien una gran decisión política. ¿Insinúa Suso estrellas amarillas para los castellanos? No lo descartemos.

En resumen, para que progrese el gallego se debe imponer desde los poderes públicos la religión nacionalista. Y el que la practique ascenderá a los cielos, por ejemplo del funcionariado, y el que no, que se joda. Pero esto ¿no supone el reconocimiento de ciudadanos de primera y de segunda? ¡Pues claro! Suso lo reconoce sin rubor, una franqueza que, en cierto modo, debemos agradecerle.