jueves, 24 de enero de 2008

LA HORA DE LOS TAHURES


Ahora sí. Ahora existe “consenso de fondo”* acerca de que ANV y el PCTV deben ser ilegalizados. Veamos, por ejemplo, a Garzón, que antes defendía que estas organizaciones pertenecían a una idílica “izquierda abertzale”, por completo separada de ETA. Garzón parece tener un concepto elástico de la Ley, derivado de la necesidad de que se adapte a sus conveniencias políticas o personales, y parece entender la judicatura como el arte de usar las leyes para elaborar retorcidas arquitecturas jurídicas que soporten la postura que el ha adoptado de antemano en cada momento. En realidad, Garzón es, que yo conozca, el juez que maneja la ley con mayor desenfado desde Roy Bean
, que administraba justicia en su saloon bajo sendos letreros que proclamaban, respectivamente, “La ley al oeste del Pecos” y “Hay cerveza helada”

También parece haber cambiado de opinión Bermejo, el Ministro macarra y tahúr, que, al parecer, ya ha ordenado su juego
y ha decidido que ahora “la jugada lo aconseja”.

Y también Rubalcaba, que antes decía que los informes policiales descartaban claramente la relación del PCTV con Batasuna

Y, claro, Zapatero, que virtuosamente nos pedía que recordáramos que ANV es un partido con 30 años de antigüedad

Lo peor es que todo esto se paga, y unos por pura conveniencia y otros por una combinación de conveniencia y estupidez se llevan por delante pilares esenciales de una sociedad saludable. Por ejemplo, el respeto a la ley. Y, por que no decirlo, el respeto a la verdad.

* Consenso de fondo: expresión acuñada por El País para indicar que el Gobierno va a empezar a hacer lo que hasta ese momento decía que hacía.

Apostillas:
Zapatero: “¿Pilares? ¿Qué pilares? Yo no veo ninguno”
Solbes: “Tampoco hay que exagerar”

lunes, 14 de enero de 2008

PEDRO J. RAMIREZ ENTREVISTA A ZAPATERO

Tanto daño como el libro de Suso de Toro tendrían que hacerle a Zapatero las entrevistas que le ha atizado El Mundo. Porque nada como estas entrevistas en profundidad para demostrar su superficialidad. Al leer las respuestas del Presidente, uno tiene la impresión de estar viendo esas atracciones de las ferias que consisten en un cartón decorado con escenas pintorescas y personajes disfrazados, y un agujero a la altura de las cabezas para que la gente meta la suya y se haga la correspondiente foto. Porque al igual que esos decorados, las respuestas de Zapatero son meras viñetas planas, sin nada detrás. Y como si él mismo asumiera esa circunstancia, Zapatero no parece preocuparse en lo más mínimo de que sus respuestas coincidan con la realidad. Porque, por algún curioso proceso mental, parece estar convencido que lo importante no es ésta, sino sus escenarios pintados en cartón, que son desechables a voluntad.
De este modo, Zapatero puede asomar la cabeza por el agujero del decorado y afirmar orgullosamente "como líder de la oposición yo hice el Pacto Antiterrorista”, sin importarle que, en realidad, lo traicionó aún antes de alcanzar el poder. O decir "me he reunido nueve veces con Rajoy, el triple que Aznar conmigo, por lo tanto yo he multiplicado por tres la voluntad de diálogo”, sin tener en cuenta que ha hecho de la marginación del PP un eje de su política. O declarar "el fin de la violencia no tuvo precio político”, a pesar de haber permitido la vuelta de ETA a las instituciones. Porque parece que desde el punto de vista de Zapatero, si la realidad no coincide con sus ilustraciones en cartón, peor para ella. Lo malo es que gran parte de sus votantes parecen estar de acuerdo. Ni siquiera parece importarles que su Presidente reconozca ahora, con la mayor desfachatez, que les mintió tras el atentado e la T-4.

sábado, 12 de enero de 2008

ALATRISTE


Una vez vista la película en DVD, y como ya la habrá visto todo el mundo, puedo dar mi opinión.

  LO BUENO:

- La historia de España está muy desaprovechada, de modo que las películas de época son bienvenidas. Por cierto, creo que es urgente una película sobre Lepanto. Y, ya puestos a enturbiar la Alianza de Civilizaciones, una sobre las Navas de Tolosa.

- Las imágenes son muy bonitas. Ya se que cuando se dice de una película que tiene buena fotografía es que es un coñazo, pero es así.

- Yo me imaginaba a Alatriste más flaco, pero Viggo Mortensen adopta posturas chulescas de forma adecuada. Sebastián Copons, perfecto.

- La aportación de la música en algunas escenas es muy buena (p.e, la lucha en las minas y contraminas)

- El final pone un nudo en la garganta.


LO MALO:

- Viggo Mortensen habla un español excelente... para ser sueco. Si tenemos que creernos que es un cristiano viejo de los Tercios, a ratos nos parecerá que está borracho y a ratos que es tonto. “Shomos un Tercio eshpañol”, susurra Mortensen cargándose parcialmente la escena cumbre de la película. Ahora que lo pienso, habla como aquel personaje que interpretaba Sardá en la radio. El señor Casamajor, creo que se llamaba.

- Al intentar adaptarse varios libros, la película se ha quedado en una serie de episodios deslavazados. Especialmente, el del Duque de Buckingham: alguien encarga su muerte (no se sabe por qué), Alatriste la impide (no se sabe por qué) el Conde-Duque pregunta un poco aquí y allá y acaba desterrando al padre de Angélica (no se sabe por qué).

- En general, uno no entiende muy bien por qué Alatriste hace lo que hace. Por ejemplo, no se entiende por qué pelea con tanto pundonor en Flandes. Y tampoco, por qué no se queda con el oro del galeón. Los libros de Pérez-Reverte lo explican: pelea por España y el orgullo que ésta le inspira. Pero la película no lo explicita, quizás por considerarlo un poco rancio.

- El malo no es malo. Tenemos que asumir que lo es porque va de negro. Sucede igual que en la primera parte de la Trilogía de la Guerra de las Galaxias, tan aburrida. Allí el malo, un tipo con la cara teñida de rojo y negro, no lo es: es simplemente feo. En realidad, es un caballero: en una escena deja pasar a todos los buenos, reina Amidala incluida, para atacar únicamente a los caballeros Jedi. Uno contra dos, además.

- El guionista se olvida de que Angélica es mala y de que ha seducido a Iñigo simplemente para acabar con Alatriste. Iñigo, por su parte, tiene cara de tonto.

En resumen, es bastante mala, pero hay que verla.

lunes, 7 de enero de 2008

NEW ARABIAN NIGHTS (2)


Aquella tarde, Florizel se encontraba paseando a caballo cuando se cruzó con un carruaje abierto, conducido por un hombre corpulento y de aspecto taciturno, y tres ocupantes, dos hombres y una mujer. Uno de ellos era un caballero de cierta edad, con el pelo blanco y cierto parecido con un cocodrilo. Conocía al segundo de los pasajeros, un hombre vigoroso con el rostro atezado y cruzado por una larga cicatriz, lo que le confería un aspecto fiero y despiadado. Era el Mayor Wembley.
Militar de escuela, había servido durante quince años en el ejercito colonial. Su indiscutible valor, e incluso competencia, se había visto enturbiado por la crueldad de sus medios y su absoluta falta de escrúpulos. Había resultado incomodo tanto para sus mandos como para sus compañeros de armas, escandalizados por igual de su rapacidad y por la sospecha de que manipulaba los naipes hasta alejar por completo de ellos la influencia del azar. Finalmente había llegado a una remota región al norte de Cachemira, ocupada por tribus de feroces pathans en permanente insurrección. Allí su crueldad pareció abandonar toda restricción. Se encargó personalmente de formar y preparar a los integrantes de un escuadrón especial. Escogía soldados con un perfil similar al suyo, que le gustaba definir como expeditivo y pragmático, pero el batallón acabó siendo el destino natural de una serie de rufianes amorales o sádicos. Allí donde tenía lugar un disturbio, una revuelta o un asesinato por parte de los pathans, allí acudía Wembley con su grupo. Se trataba, según había expuesto el propio Mayor ante sus jefes, de que los pathans comprendieran que resultaba muy caro infringir la autoridad británica, y de este modo actuaban indiscriminadamente sobre toda la población. Los integrantes del grupo podían entregarse entonces sin límites al robo, la violación o las torturas, según las inclinaciones personales de cada uno. Los brutales métodos de Wembley en cierto modo apaciguaban a los insurrectos, aunque fuera por la vía de exterminarlos, y durante algún tiempo gobernadores tan poco escrupulosos como el propio Mayor toleraron sus andanzas. Sin embargo un día, después de arrasar una aldea en una expedición punitiva, un joven oficial integrante del grupo redactó una carta con copia al mismo Virrey detallando minuciosamente todos los acontecimientos del día. No omitía como las mujeres eran torturadas delante de sus maridos para que desvelasen donde escondían sus pertenencias. No ocultaba como las niñas eran violadas y a continuación destripadas. No se olvidó de explicar como el anciano jefe del lugar fue descuartizado entre cuatro caballos. Finalizado su relato introdujo el papel en un sobre que lacró a continuación, comprobó a contraluz el color del jerez que estaba degustando lo bebió, sacó su pistola y se disparó en la cabeza. El escándalo esta vez fue imposible de silenciar y Wembley tuvo que comparecer ante un consejo de guerra. Una vez abierta la causa las acusaciones comenzaron a surgir por todas partes, y el Mayor fue expulsado ignominiosamente del ejercito. A partir de ese momento su pista pareció desvanecerse, hasta que un par de años atrás surgió un rumor según el cuál el ex-Mayor Wembley había pasado a dirigir la policía secreta de determinado país centroeuropeo. Conocedor de su infame catadura, el Príncipe Florizel sufrió un cierto sobresalto al comprobar que la tercera persona que viajaba en el coche abierto era la mujer a la que tan galantemente había ofrecido el suyo unos días atrás.

jueves, 3 de enero de 2008

NEW ARABIAN NIGHTS (1)

Lord Rollingham se había ganado en su círculo una inmerecida reputación de austeridad, y a veces sus conocidos aludían a él como si de un moderno Catón se tratase, lo que le provocaba un íntimo placer. En realidad era miserable, mezquino y ruin, aunque conseguía enmascarar estas cualidades, incluso ante sí mismo, bajo una imagen de severidad y apego a principios esenciales. Lord Rollingham, propietario de una inmensa fortuna, creía firmemente que la estructura de la sociedad era el resultado de un juicio divino previo en el que el Creador había situado a cada persona en su lugar adecuado según sus merecimientos. Esto le proporcionaba argumentos para usar despóticamente su elevada posición social con personas menos afortunadas. Lord Rollingham era aficionado a las mujeres, generalmente de forma no recíproca. Sin embargo suplía este desajuste por medio del dinero. En realidad las mujeres que, ocasionalmente o con vocación de permanencia, acudían al señuelo de la fortuna de Lord Rollingham descubrían con el tiempo que habían hecho un pésimo negocio, ya que éste no dejaba escapar un penique sin exprimirle el máximo beneficio erótico posible. Últimamente Lord Rollingham solía mostrar ante sus amigos en el club un aspecto satisfecho y una actitud más expansiva. Sus amigos le gastaban continuamente bromas, situando el origen del cambio en la existencia de alguna mujer que sin duda estaba comenzando a derretir su duro corazón. El respondía con sonrisas a estas chanzas sin desmentirlas, porque lo cierto es que no iban desencaminadas.

Tres meses antes, una mujer se había acercado a él después de una brillante intervención de Lord Rollingham en la Cámara de los Lores, interesada en discutir algunos de sus puntos de vista sobre la reforma de la legislación laboral. Lord Rollingham procedió, según su costumbre, a evaluar los innegables encantos de su interlocutora, así como los gastos en los que tendría que incurrir para poseerlos. Sin embargo pronto pudo comprobar que las cosas no discurrían por los cauces habituales. Para empezar, Lady Winslett parecía no estar interesada en su fortuna y, de hecho, era considerablemente rica, como pudo comprobar en una recepción a la que ella lo invitó unos días después. Ella lo había acaparado durante toda la velada, y aunque él había intentado mantener una conversación frívola ella había desviado en todo momento hacia cuestiones políticas, en las que demostró estar sorprendentemente bien informada. Se presentó como sufragista, lo que provocó una serie de comentarios irónicos por parte de Lord Rollingham que ella procedió a desmontar con argumentos contundentes. Algo desconcertado, Lord Rollingham acabó defendiéndose como pudo. Ante el interés demostrado por ella, Lord Rollingham intentó llevar el asunto hacia terrenos mejor conocidos y de este modo en su siguiente encuentro él audazmente le ofreció un valioso obsequio. Ella lo había rechazado, con tacto pero absoluta firmeza, y a continuación había vuelto a poner sobre la mesa temas de conversación serios. No obstante en ocasiones ella dejaba su mano sobre el brazo de él algo más tiempo de lo requerido por las circunstancias, e incluso en una ocasión le permitió extraer con la punta del pañuelo una mota de polvo que al parecer se había alojado en su ojo, lo que él aprovechó para rozar con su brazo su busto. Con el tiempo Lord Rollingham empezó a convencerse de que Lady Winslett se había enamorado de él; sin duda era una mujer atractiva y lo suficientemente inteligente como para apreciar las virtudes de Lord Rollingham en toda su extensión. Esta idea fue poco calando en su interior, le provocó una gran seguridad en sí mismo y una creciente euforia. Fácilmente llegó a la conclusión de que también él estaba enamorado de Lady Winslett.