martes, 22 de abril de 2008

OTRA PROPUESTA DE POLÍTICA-FICCIÓN PARA LA SEXTA: SI ZAPATERO HUBIERA SIDO JULIO CÉSAR

I. ... cuando regresaba de Rodas fue apresado junto a la isla Farmacusa por los piratas, que ya entonces infestaban el mar con grandes escuadras e inmenso número de buques.
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II. Lo primero que en este incidente hubo de notable fue que, pidiéndole los piratas veinte talentos por su rescate, sonrió, y les dijo que él no tenía ninguno. Y esta sonrisa ya se le quedó perenne para toda la travesía, para desesperación de los piratas. Entonces, mando encargar al jurista Apio Claudio la elaboración de un informe para averiguar si realmente se trataba de piratas. Después, habiendo enviado a todos los demás de su comitiva, unos a una parte y otros a otra, para recoger el dinero, llegó a quedarse entre unos pérfidos piratas de Cilicia, y cuando se iba a recoger les pedía que por favor no hicieran ruido, y así dormía fenomenal. Treinta y ocho días fueron los que estuvo más bien guardado que preso por ellos, en los cuales se entretuvo y ejercitó con la mayor serenidad, y, dedicado a componer algunos discursos, en los que afirmaba que la razón de la existencia de los piratas estaba en los océanos de injusticia generados por la propia Roma, y muchas veces los amenazó, entre burlas y veras, con crear una alianza entre civilizaciones y piratas, de lo que se reían, teniendo a sencillez y escasas luces aquella franqueza, en lo que no les faltaba razón. Finalmente, los nacionalistas samnitas, que veían como sus intereses peligraban sin él, pagaron el rescate. Sin embargo, él ya había negociado la cesión a los piratas de otra porción del territorio de Roma, echando de ello la culpa al procónsul Mariano, con lo que éste estuvo de acuerdo. Luego que de Mileto le trajeron el rescate y por su entrega fue puesto en libertad, encargó la construcción de una flota de alta velocidad a su cuestora de infraestructuras, con lo que los piratas permanecieron durante años sin ser molestados. En vista de lo cual, reuniendo en un punto todos los seguidores del procónsul Mariano los mandó crucificar, y éste entendió la justicia de la decisión.

lunes, 21 de abril de 2008

RAJOY EN ELCHE

(19/04/2008. Rajoy reaparece en Elche tras la derrota electoral. Según dice, el problema esencial al que se enfrentará España en la próxima legislatura es la economía. Pero, un momento ¿Y los nacionalismos periféricos? Bueno, sí, algo ha mencionado Rajoy. Hay un problemilla con Madrid, que se cree el ombligo del mundo. En eso está de acuerdo con Suso de Toro, aunque al menos Rajoy no lo llama casticismo. También ha criticado a los que amagan con presentarse pero no llegan a hacerlo, les ha colgado el cartel de doctrinarios, ha insinuado que siguen instrucciones de la COPE y El Mundo, y les ha recomendado que se pasen al grupo liberal del Parlamento Europeo.

En resumen, parece que el cambio de órbita se ha consumado. Rajoy también se ha mostrado orgulloso de los 10,5 millones de votos obtenidos, y de los 700.000 exvotantes del PSOE que han apostado por él. Sin embargo, no ha mencionado que todos esos votos no los ha obtenido con el discurso actual. El discurso completo aquí
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El electorado ha dado la razón a Zapatero, el nacionalismo es una mercancía que se vende bien y las castas periféricas son ya vasallos más poderosos que el rey. ¿Para qué obcecarse? El cambio es inexorable, y no es tiempo de tigres sino de camaleones. Por eso, Soraya Sáenz de Santamaría acaba de descubrir que el armazón de las convicciones resulta una seria molestia a la hora de adaptarse al nuevo entorno, y que los esqueletos flexibles son mucho más aptos para las metamorfosis. El siguiente paso también es conocido: las palabras deben ser igualmente flexibles y ponerse al servicio de la política. De este modo, Sáenz de Santamaría consigue declararse partidaria del “liberalismo social”, lo que, de paso, la diferencia del pernicioso liberalismo antisocial, endémico de Madrid.
Auguro un mal resultado para el experimento. Por mucho que Sáenz de Santamaría consiga convertir en chicle el esqueleto de sus convicciones, jamás podrá competir con una ameba como Zapatero. Y esto nos lleva a otro asunto de cierta importancia. Si los valores que presenta Sáenz de Santamaría son tan etéreos ¿por qué votar al PP? Para eso, votemos a Zapatero, que al menos gana. Sáenz de Santamaría también tiene una respuesta para esto: nuestro voto al PP debe estar dictado por la fe. “El debate sobre el liberalismo o la socialdemocracia está de más. A estas alturas, con decir que somos del PP basta" Pues tampoco creo que vaya a poder competir satisfactoriamente en este campo con el sectarismo religioso de los votantes de Zapatero. Aquí la situación de la izquierda y la derecha no es simétrica, y muchos votantes del PP ya tienen cubiertas sus necesidades religiosas sin tener que depositarlas en la política.

domingo, 13 de abril de 2008

SI LA REPUBLICA HUBIERA GANADO LA GUERRA

Veamos si he entendido bien la ficción propuesta por La Sexta.

Indalecio Prieto sustituye a Negrín en el gobierno de la República, y se dedica a poner fin a la influencia rusa*. Stalin, impresionado por su gallardía, devuelve el oro de Moscú y abandona cualquier pretensión sobre España. Franco se despista en el frente del Ebro y pierde la guerra. Hay un poquito de represión hacia los vencidos, pero no mucho. España entra en guerra junto a Inglaterra y la Resistencia Francesa. Hitler invade España, y la derecha moderada y los carlistas colaboran con la República en su defensa. Sin embargo Franco entra con las tropas de Hitler, sediento de venganza, y tapiza España con campos de concentración. Las tropas de la República se ven obligadas a replegarse a Cádiz, que es bombardeada intensamente por la Luftwaffe. Chuchill, impresionado por el heroísmo español, firma un tratado para la devolución futura de Gibraltar a España. En lugar de Normandía, los ingleses y norteamericanos desembarcan en España, causando un serio problema a Spielberg. España, como vencedora de la guerra, entra en el Consejo de Seguridad de la ONU. Con el tiempo, consigue expulsar del mismo a Estados Unidos, a quien el triunfo se ha subido a las barbas. Previamente, gracias al Plan Marshall, España comienza un sólido crecimiento económico, basado esencialmente en el sector del cine. En general, España se convierte en el mayor referente cultural del mundo. España firma el tratado de Roma. Roma, finalmente, se traslada a Madrid.

Pasan los años. En mayo del 68 se producen movimientos estudiantiles en la Complutense de Madrid, y Cohn-Bendit fija su residencia en España. Los socialistas acaban con las bases americanas en España y con la guerra del Vietnam. Mientras tanto, Serrat gana Eurovisión cantando en catalán el la-la-la.

Franco va emigrando de país en país para evitar su extradición, y acaba muriendo en los brazos de Somoza. Se aprueba una nueva constitución que convierte España en una república federal. ¿Asimétrica? Es posible. Juan Carlos de Borbón renuncia a sus derechos sucesorios a cambio de la presidencia vitalicia del Comité Olímpico Internacional, para lo que previamente ha habido que eliminar a Samaranch. Transcurrido el plazo pactado con Churchill, Gibraltar es devuelto a España. Se le concede un estatus similar al resto de las nacionalidades españolas, y se declara la cooficialidad del inglés en su territorio. Inmediatamente, los castellano-parlantes son multados.
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* Sin embargo, la influencia de la propaganda soviética no llega a desaparecer del todo, como demuestra el presente reportaje.

viernes, 11 de abril de 2008

LA POLÍTICA DESDE UNA PERSPECTIVA ESPACIAL

Antes de llegar al poder, Zapatero ya había decidido dar a su política un violento golpe de timón hacia los nacionalismos periféricos. Podemos visualizar la posición de los distintos partidos como si fueran planetas en el espacio. Ahora el planeta Zeta se había desplazado vigorosamente, y había comenzado a orbitar en torno al nacionalismo. Para no alarmar a sus fieles, Zeta había dejado un señuelo: un cascarón vacío orbitando junto al PP alrededor del Pacto por las Libertades. El señuelo no podía durar mucho, y pronto la inalterada posición real del PP comenzó a resultar terriblemente molesta para el PSOE. En primer lugar, porque representaba un punto de referencia que mostraba claramente la evolución realizada por Zapatero. En segundo, porque el movimiento real de Zapatero hacia el nacionalismo suponía el abandono de un enorme espacio político que podía quedar a disposición del único partido realmente no nacionalista. El PP suponía, por tanto, un enorme peligro, y, por eso, la tarea esencial del aparato de propaganda socialista consistió desde el primer momento en criminalizarlo y marginarlo. En esto encontró una poderosa ayuda en el sectarismo de sus votantes, ya que la nueva situación de su partido y la postura mantenida por el PP les generaban unas fricciones y frustraciones fácilmente canalizables en odio.
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Ahora me parece ver un tímido intento, por parte de Rajoy, para intentar un desplazamiento similar al realizado por Zapatero en su día. Y, de modo similar, podría intentar dejar un cascarón vació señalando una posición que realmente ya no tiene intención de ocupar. Coincidiendo con esta interpretación, la prensa afín a Zapateo ha dejado de maltratar a Rajoy, que ha decidido volver al redil. Desde luego, la nueva orbita alrededor del nacionalismo del PP giraría más alejada de los Principios Nacionalistas que la del PSOE y mucho más que la del PNV. Pero sería una órbita nacionalista. Por ejemplo, podemos aventurar que, a partir de ese momento, las denuncias sobre a marginación de los castellano- parlantes serían consideradas de mal gusto. De hecho, ya habían desaparecido en el debate de investidura.
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De confirmarse este movimiento, el único cuerpo celeste que no estará girando alrededor del nacionalismo será Rosa Díez. El foco de la propaganda está ya centrado en ella, y el cinturón sanitario preparado.

martes, 8 de abril de 2008

A LA MEMORIA DE CHARLTON HESTON

BOWLING FOR COLUMBINE (Michael Moore)
En 1999, dos jóvenes de un pequeño pueblo de Denver, tras jugar a los bolos, se dirigieron al instituto Columbine, del que eran alumnos, armados hasta los dientes. Una vez allí, dispararon sobre sus compañeros, matando a doce ellos y dejando gravemente heridos a otros muchos. Después se suicidaron. La matanza del Instituto Columbine conmocionó a la sociedad estadounidense. Por un lado, resultaba muy difícil comprender las motivaciones de los asesinos y reconstruir la secuencia emocional que había llevado al atroz desenlace. Por otro, se ponía de manifiesto una vez más la sorprendente facilidad existente en Estados Unidos para adquirir armas de fuego. Para colmo, pocos días más tarde, un niño de tan sólo cinco años había llevado al colegió un arma que había encontrado en casa de un familiar y había disparado contra una niña de seis años, matándola. El espectador se enfrenta, pues, a un asunto tan grave como interesante, y, al comenzar la película, entiende que iba a asistir a un documental sobre el asunto y se prepara para disfrutarlo. Nada más lejos.
Para empezar, no se trata de un documental. Moore se limita a tomar de ellos la forma, con el fin de intentar proporcionar a la película una imagen de seriedad, profundidad y ecuanimidad en el análisis del tema. Pero, en realidad, la película no parece estar dirigida a la capacidad de análisis del espectador. De hecho, se limita a presentar una serie de imágenes inconexas que parecen mostrar, como un conjunto de postales naïf pegadas en un corcho, cual es la visión que Moore tiene de la sociedad estadounidense y del mundo.
Pero ahora entendemos por qué era tan difícil comprender lo que ocurrió en el Instituto Columbine. Gracias al documental de Moore sabemos que al embrión de la tragedia aportaron nutrientes asuntos insospechados, tales como la falta de asistencia sanitaria gratuita en Estados Unidos, un complot de la prensa para tener permanentemente asustada a la población, la Lockheed, el derrocamiento de Allende e, incluso, abejas asesinas africanas.
Para desarrollar este asunto, Moore ha contado con testimonios y opiniones de personas de probada solvencia intelectual, como por ejemplo Marilyn Manson. Manson es un cantante de rock cuyas letras son provocativas y, en opinión de algunos, incitan a la violencia. En realidad parece un producto de marketing que, a semejanza de Benetton o Madonna, pretende atraer la atención del público a base de escándalos enlatados. Es evidente que Manson no es culpable de nada más que de ser un patán con mal gusto. Sin embargo, en una agradable charla, él y Moore acaban encontrando una cabalística explicación a los sucesos de Columbine y, por extensión, a los problemas que aquejan a Estados Unidos: el mismo día de la matanza, Estados Unidos realizaba un bombardeo masivo sobre Kosovo con armas suministradas en parte por la Lockheed, que también tiene una fábrica en el mismo pueblo que el instituto Columbine. Significativo y clarificador.
Es este un documental de buenos y malos. Otro de los buenos, además de Manson, es un ex-alumno del Instituto Columbine que (sinceramente, no me quedó claro), o bien es guionista de la serie de dibujos animados “South Park”, o bien es conocido de los guionistas, o bien ha visto algún capítulo de la serie. Pues bien, para él, el motivo del crimen está claro: es consecuencia directa del ambiente opresivo creado por los profesores del Instituto, derivado a su vez de la cultura de competitividad de la sociedad americana. Habríamos agradecido escuchar también una opinión de los profesores del Instituto aludidos, pero ésta no apareció, sorprendentemente, por ningún lado. Porque, llegado a este punto, llama la atención en este singular documental que, a pesar de su proximidad en el espacio y el tiempo con los hechos narrados, la calidad de los testimonios es muy pobre. Por ejemplo, Moore no ha recabado o conseguido información de un solo profesor de Columbine, o de compañeros de las víctimas, o de familiares de los asesinos o las víctimas (con una única excepción). Tampoco, de eminentes psiquiatras o sociólogos. Esta carencia es rápidamente subsanada con el testimonio de tres adolescentes canadienses con granos.
¿Y quién es el malo? Charlton Heston. Moore se ha aprovechado de la avanzada edad de Heston (y, por que no decirlo, de su cortesía) para colarse con engaños en su casa y hacerle un truculento reportaje en el que intenta presentarlo como un sujeto sanguinario y responsabilizarlo de la muerte de la niña de seis años de la que hablábamos al principio. Moore, de este modo, consigue revelarse como un perfecto hijo de puta.
Pero al menos, ahora se nos han respondido muchas cuestiones. Por ejemplo, ¿influye el elevado porcentaje de armas por habitante en el gran número de muertes por arma de fuego en Estados Unidos? Pues no, revela Michael Moore contra todo pronóstico, ya que en Canadá, que, según él, también tiene unas cantidades sorprendentes de armas, el número de crímenes es muy reducido. A pesar de ello, Moore organiza un numerito con dos heridos de Columbine para conseguir que el gran almacén K-Mart deje de vender munición, algo que todos agradecemos pero que parece contradecir su teoría previa. Otra pregunta: ¿puede influir el alto grado de violencia que el cine, la televisión o los videojuegos presentan de manera incontrolada? Pues tampoco.
Un factor decisivo para Moore es el miedo. Estados Unidos es una sociedad de acojonados. En cambio, en Canadá no tienen miedo y duermen con la puerta abierta. Así lo manifestaron algunos entrevistados por Moore, reconociendo a continuación que, a consecuencia de esa costumbre, en sus casas roban con frecuencia. Pero ¿de qué tienen miedo los americanos? De los negros. Por eso Moore mezcla confusamente el ku-klux-klan y el temor a las abejas asesinas que, significativamente, también vienen de Africa. Este miedo es alimentado artificialmente por la prensa (y, quizás también, por Charlton Heston) que se encarga de divulgar todo tipo de crímenes cometidos por negros, y de presentarlos como gente peligrosa y poco de fiar. ¿Con qué objeto? Moore no ha considerado necesario aclararlo. Resulta curioso, sin embargo, que Moore se aventure a denunciar el miedo de la sociedad americana a través de argumentos con tintes paranoicos (la teoría conspirativa, la creencia en la existencia de claves encriptadas en la realidad…), en cuya base parecen encontrarse sus propios fantasmas.
Así pues, lo único interesante de este supuesto documental es que parece conectar muy bien con el pensamiento de una parte considerable de la sociedad: etéreo, hecho de lugares comunes, inconexo e incoherente.

miércoles, 2 de abril de 2008

ENSAYO SOBRE LA CEGUERA

La maldad suele cogernos por sorpresa porque esperamos verla venir con otro aspecto. En realidad, el problema es, precisamente, que no suele ser visible. En las películas sí. Sabemos que Fú-Manchú es malo porque toda su apariencia y gestos están diseñados para indicárnoslo. También ocurre así con los orcos de la Tierra Media, y quizás debamos agradecer a Batasuna el esfuerzo realizado para exteriorizar y hacer visible su maldad a través de su fisonomía, peinado y atuendo. Desde luego, si Egibar hubiera pronunciado sus palabras con una linterna apuntándole el rostro desde abajo, una música ominosa sonando, y hubiera finalizado su discurso con una risa vesánica, todo habría quedado más claro para la gente, pero las cosas no suelen suceder así. Y sin embargo Egibar estaba mostrándonos el mal cuando revelaba que, para él, la normalidad consiste en que ETA se siente en los ayuntamientos.

Egibar, al hablar de normalización, potencia un defectuoso mecanismo que consiste en confundir lo normal (lo que es acorde con unos planteamientos o principios) con lo que es habitual (lo que sucede reiteradamente). Es evidente que el exterminio de judíos era habitual en la Alemania nazi, pero resulta peligroso derivar de esta habitualidad la cualidad de normal. Porque sumergirnos en la habitualidad no nos libra de poder ser completamente anormales.

En realidad, la consideración de la maldad acaba no dependiendo tanto de un juicio basado en ciertos fundamentos o valores como de la etiqueta socialmente aceptada. Nadie duda hoy (salvo, quizás, algunos miembros del BNG) de la maldad de Hitler. O de la de Stalin, aunque esto ha costado mucho más. Pero, con frecuencia, este reconocimiento no ha provenido tanto del análisis intelectual como de lo que se percibe como socialmente aceptable o rechazable. Mientras esa etiqueta social no se ha desarrollado, la maldad ha podido ser aceptada.

Por lo tanto, la sociedad puede acabar digiriendo la maldad si se manejan adecuadamente la normalización y la etiqueta social. Hoy una gran parte de la sociedad vasca (y del resto de España) está ya inmersa en la normalización de Egibar y, a juzgar por las palabras de Alfonso Alonso, hay otros que quieren empezar a verla con benevolencia.