lunes, 19 de diciembre de 2011

EN POS DEL MILENIO

Entonces vi tronos donde se sentaron los que recibieron autoridad para juzgar. Vi también las almas de los que habían sido decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios. No habían adorado a la bestia ni a su imagen, ni se habían dejado poner su marca en la frente ni en la mano. Volvieron a vivir y reinaron con Cristo mil años. Ésta es la primera resurrección; los demás muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron los mil años. Dichosos y santos los que tienen parte en la primera resurrección. La segunda muerte no tiene poder sobre ellos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años” Apocalipsis 20, 4-6.


Este es el texto del Apocalipsis con el que nace el milenarismo en su sentido estricto. Según él, Cristo volvería a la Tierra en un momento no precisado, resucitaría a los mártires, aquéllos que habían sufrido persecución en su nombre, y reinaría con ellos durante 1.000 años. Después, vendría el Juicio Final propiamente dicho, en el que Cristo resucitaría a los demás y los asignaría a sus nuevos destinos, el cielo o el infierno. No es el único texto profético en el que se augura un reino terrenal de una duración determinada. En Esdras se habla de 600 años, pero la cifra 1.000 es mucho más rotunda, y ésta fue la que se impuso.

Algunos atribuyen el Apocalipsis al evangelista Juan, y otros, a una denominada “comunidad juanina” integrada por autores que decían escribir inspirados por el primero. Fue redactado a finales del s.I d. C., en unos momentos especialmente complicados tanto para judíos como para cristianos. En lo que se refiere a los primeros, en el año 70 había tenido lugar la destrucción del Templo de Jerusalén por parte de Tito. En cuanto a los segundos, era en esta época cuando se habían desarrollado las violentas persecuciones religiosas por parte de Domiciano. Por eso, el mensaje del texto era el siguiente: no flaqueéis; el mundo está ahora gobernado por un poder diabólico, pero todo es parte de un plan preestablecido; Dios os está poniendo a prueba y los que la superen reinarán con él, tras aniquilar a sus enemigos, en un mundo de abundancia. Este guión es similar al empleado en la tradición apocalíptica judía, de la que espero hablar brevemente en la próxima entrada.

¿Por qué una primera resurrección? ¿Por qué eran tan importantes esos 1.000 años cuando se estaba hablando de la eternidad? Quizás porque se disfrutarían en este mundo, que ya era conocido, y no en el celestial del que, a fin de cuentas, no se sabía nada. El caso es que, muy pronto, entre los primeros cristianos hubo muchos que interpretaron que la segunda venida de Cristo era inminente, que lo de los mártires podía aplicarse a ellos puesto que lo estaban pasando mal, y que, por consiguiente, estaban destinados a disfrutar del prometido reino de 1.000 años.

‘En pos del milenio’ (Norman Cohn, 1957) se dedica a estudiar los brotes de movimientos milenaristas que tuvieron lugar hasta el siglo XVI. Los montanistas; los tafures de la primera cruzada; los seguidores del Maestro de Hungría; los flagelantes; los adeptos del Libre Espíritu; los taboritas de Bohemia: los fieles de Thomas Müntzer; los anabaptistas de Jan de Leyden en Münster. Cada una de estas historias contiene material para un libro interesante; la de Jan de Leyden, para varios.


Estos brotes solían coincidir con insurrecciones campesinas o de artesanos, que a su vez se desarrollaban cuando las condiciones materiales de vida empeoraban abruptamente. Pero los estallidos milenaristas tienen características propias que los distinguen de estas sublevaciones. Mientras en éstas se perseguían reivindicaciones concretas, que permitieran mejorar situaciones específicas, los movimientos milenaristas suponían una enmienda a la totalidad. Un órdago en el que, tan importante como alcanzar un mundo nuevo, era la destrucción del el antiguo. Podría decirse que las carencias materiales eran un presupuesto necesario para el surgimiento del milenarismo, pero no suficiente: en realidad, más importante parece ser el componente emocional. Los milenarismos se nutrían de los más desarraigados de la sociedad, aquéllos que carecían de lazos familiares, comunitarios o gremiales, y que sentían que no tenían un lugar en el mundo. La mezcla de frustración, desorientación y desamparo, hacía a sus integrantes especialmente susceptibles a la llamada de todo aquél que les indicara cuál era su papel en la vida. Y decir ‘papel’ no es gratuito, porque la visión teatral de la existencia era una de las claves en el desarrollo de estos brotes:

a) Uno de los elementos esenciales en los movimientos milenaristas era el profeta, que debía proporcionar el relato capaz de satisfacer las peculiares necesidades emocionales del grupo. Para ello debía convencerlos de que ellos eran los elegidos y de que tenían una misión única en la historia, con lo que les proporcionaba un papel en el drama mucho más emocionante que el que la realidad les había asignado (desde luego, en el nuevo escenario el profeta se reservaba el papel protagonista).

b) El adepto, convencido por el profeta, aceptaba la sustitución de la realidad por la fantasía profética. Esto es a lo que aludía con la expresión ‘enmienda a la totalidad’. El milenarista no pretendía la modificación de aspectos concretos de la realidad, sino su sustitución por un ensueño.

Pero junto al alejamiento de la realidad, el segundo componente clave del milenarismo era la ira. La combinación del resentimiento derivado de la frustración, con la convicción de ser los elegidos hacía que los adeptos se situasen muy por encima de los ajenos al grupo. Y puesto que ellos representaban el Bien absoluto, los otros tenían que representar necesariamente el Mal, lo que los convertía en eliminables, no sólo sin remordimientos, sino con satisfacción. La combinación de desprecio por la realidad y resentimiento convertía a los movimientos milenaristas en fuerzas extraordinariamente destructivas. Especialmente para sí mismos, pues la realidad sólo es omisible a corto plazo.

¿Y a qué viene todo esto? ¿Qué interés, salvo el deseo de conocimiento, pueden tener actualmente los milenarismos? Pues que estos movimientos son precursores de los grandes movimientos revolucionarios del siglo XIX y XX, con los que comparten características esenciales. Y eso es así porque, si bien la apariencia externa ha variado (pues es la parte sujeta a la moda), el cóctel emocional de los que se han sentido (y se sienten atraídos) por los milenarismos es bastante constante en el tiempo. Por eso, en lugar de intentar desmontar las ideologías aparentes en las que pretenden basarse los nuevos milenarismos, deberíamos entender este sustrato emocional, porque, aunque la cobertura ideológica quedara intelectualmente demolida, el milenarista, con su bagaje emocional intacto, se limitaría a desplazarse a otra. De paso, considerar a Marx un profeta puede ayudar a entender cabalmente el marxismo.

Norman Cohn finaliza su libro con estas palabras: “El antiguo idioma religioso ha sido sustituido por otro secular, lo cual tiende a oscurecer lo que de otro modo sería obvio, pues la verdad pura y simple es que , despojados de su original justificación sobrenatural, el milenarismo revolucionario y el anarquismo místico continúan presentes.”
_________________________

Imágenes.
1. Los cuatro jinetes del Apocalipsis, por Durero.
2. El profeta Jan de Leyden.

sábado, 10 de diciembre de 2011

AZÚA Y LA IDEA DE LA IZQUIERDA

Dice hoy Azúa en El País que ”las corruptelas y los desórdenes éticos se dan por descontados en la derecha y no afectan a su votación, como ha dejado bien claro el caso de Berlusconi, pero la izquierda debería tener como principios inalterables la honestidad, la cultura, la educación y la justicia”, y esto en él no es ninguna novedad.

Por ejemplo, en febrero de 2010 publicó un artículo en El País en el que se lamentaba del sectarismo de los intelectuales de izquierda del s.XX, que cerraron los ojos ante los horrores del comunismo, y lo contraponía a la honestidad de aquellos (Orwell, Koestler, Camus) que no dudaron en alzar su voz. Pero, sin solución de continuidad, Azúa incurría de lleno en el sectarismo que estaba criticando al afirmar que sólo estos últimos autores, los que se habían atrevido a denunciar el comunismo, eran realmente de izquierdas (forzando un poco más el argumento-Azúa, se podría llegar a afirmar que el propio Stalin era un cripto-derechista).

Así que parece que Azúa piensa que existe La Izquierda, una idea platónica (en sentido estricto) que es compendio de virtudes, perfecta, y eterna, pero que, al entrar en contacto con la realidad tiende a degenerarse y a pudrirse, es decir, a volverse de derechas. Pero esta visión de Azúa permite que la Idea, independientemente de lo que ocurra en su nombre en el mundo real, permanezca intocada en su pureza en el limbo. Un ejemplo. Con el socialista Montilla en posturas abiertamente nacionalistas, y con todos los socialistas en pleno aprobando el estatuto de Cataluña, Azúa se dedicaba a afirmar que el nacionalismo es, en realidad, de derechas.

Y la derecha, para Azúa, es un auténtico asco: ”La derecha nunca ha tenido necesidad de justificar sus infamias, no trabaja sobre ideas sino sobre prácticas, pero se suponía que la izquierda era lo opuesto”. Este comentario en, digamos, Tomás Gómez, nos haría sonreír. En Azúa, muchos se resisten a verlo

Decía Azúa hacia el final del artículo mencionado: "Aún hay gente que dice amar la dictadura cubana "por progresismo" y el actual presidente del Gobierno (uno de los más frívolos que ha ocupado el cargo) se ufana de ello. ¿Saben acaso el daño que producen en quienes todavía ponen ilusión, quizás equivocada, pero idealista, en la palabra 'izquierda?" Pero ¿no es precisamente el creer que existe La Izquierda, y depositar en ella una ‘ilusión’, aunque equivocada, lo que tiende a perpetuar la visión sectaria de la realidad, a la negación de los errores, y, en suma, a repetir las actitudes cometidas por los intelectuales de izquierda que critica?

Azúa decía admirar a Orwell, pero es dudoso que Orwell admirara a Azúa. En realidad, Azúa encaja limpiamente en su definición de nacionalista: aquél que cree que la sociedad puede ser clasificada según criterios ideológicos (o racionas, o nacionales, o religiosos) de manera que a un lado de la línea quedan los buenos y al otro los malos (es decir, los de derechas)

jueves, 8 de diciembre de 2011

IN TIME


Marx había profetizado -y ‘profetizar’ es el verbo exacto- que el capitalismo conduciría inexorablemente a la pauperización de las sociedades, es decir, a la polarización de toda la riqueza en unos pocos extraordinariamente ricos frente a una inmensa mayoría de indigentes. Dicho de otro modo: unos pocos ricos lo serían a costa del sufrimiento de la práctica totalidad de la población. En la segunda década del siglo XX, como los países capitalistas no daban señales evidentes de pauperización -y, de hecho, los salarios no dejaban de crecer-, Lenin decidió que había que dar una vuelta a la teoría marxista sobre la explotación. De este modo, basándose en los escritos de Hilferding y Hobson sobre el imperialismo, desarrolló una nueva teoría que venía a decir esto: vale, es cierto que la pauperización no se acaba de producir dentro de los países capitalistas, pero es porque los países capitalistas se enriquecen a costa de los países pobres de fuera. La explotación no ha desaparecido, pero en lugar de verla en un ámbito nacional hay que contemplarla desde una perspectiva mundial. Esta visión del mundo, basada en la falacia de suma-cero, es uno de los pilares básicos del pensamiento de la progresía actual. Pero ¿qué haríamos en el futuro si los países del Tercer Mundo, adoptando la democracia y la economía de mercado, comenzaran a salir de la pobreza? ¿Cómo seguir detestando al capitalismo? ¿Cómo, en suma, seguir siendo progres?

‘In time’ nos proporciona una nueva revisión de la teoría de la pauperización. Estamos en el futuro. La ciencia ha conseguido 1) detener el envejecimiento en la edad biológica de veinticinco años (ellos guapos y cachas, y ellas con pinta de frescas y tacones), y 2) la inmortalidad. Magnífico ¿no? Pues no, porque los humanos llevan implantado un chip con el tiempo de vida disponible como en los videojuegos. Se visualiza en el antebrazo, en forma de contador digital de años, días, horas, minutos y segundos, de un verde fosforescente muy incómodo a la hora de dormir y extraordinariamente antiestético al nadar de noche en pelotas. Si el marcador llega a cero y el tiempo se agota, game over: la persona se cortocircuita. Pero obsérvese que no es porque no pudiera seguir viviendo indefinidamente, sino por joder. Porque, como Marx había adivinado, los capitalistas son incapaces de vivir si no es a costa de los sufrimientos de la gente.

Este tiempo disponible es transferible de unas personas a otras, de modo que se ha convertido en la moneda de cambio. ¿Y no sería más fácil continuar con el sistema monetario tradicional? Porque es cierto que, al depender directamente su vida de ello, el proletario está muy dispuesto a trabajar ya que es su salario lo que le aporta tiempo de vida. Pero un sistema tan drástico de eliminación de la mano de obra convierte la inversión en gasto. En cualquier caso, el director pierde una magnífica oportunidad de hacer un análisis psicológico. Para empezar ¿qué pasaría si uno dispusiera de un crédito de 1.000.000 de años (es decir, de la certeza de no morir de muerte natural en todo ese tiempo)? Pues obviamente, se haría enfermizamente precavido ante los accidentes. Más interesante aún: ¿a partir de cuántos años la persona se cansaría de vivir, y la inmortalidad se convertiría en una maldición? O bien, con el transcurso del tiempo y la repetición de las vivencias ¿no acabarían insensibilizándose las personas, convirtiéndose en seres sin inquietudes ni emociones, como en el Caso Makropulos?.

Pero no. El director, sin duda por mera incapacidad, ha preferido centrarse en lo malvados que son los neocapitalistas. Y también en la historia de amor de la niña-rica-pero-aburrida que queda cautivada por la autenticidad del palurdo proletario, y al menos en esto el director ha escogido bien: Justin Timberlake tiene cara de rústico. Ambos, pija y proletario, se dedican desde ese momento a asaltar los bancos de tiempo del padre de la primera por el nada futurista método del alunizaje -y uno se pregunta cómo, estando la vida en juego, nadie lo había intentado antes-.

Les voy a ahorrar las interminables persecuciones de la chica, que no renuncia a los tacones ni cuando va por los tejados. Y lo sorprendentemente bien que conduce el rústico en un mundo en el que, al costar los coches varios años de vida, resulta improbable que haya tenido ocasión de manejar alguno. También les evitaré el sonrojante pulso a vida o muerte que el protagonista realiza con uno de los malos. Les voy a ahorrar, en suma, el precio de la entrada. No vayan.

"In time" (2011). Andrew Niccol.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

LA HERENCIA ANCESTRAL


En 1935, con el fin de dar una pátina científica a su ideología racista (como el que aplica barniz de Judea a un mueble barato para ennoblecerlo), Heinrich Himmler se reunió con Herman Wirth y Richard Walther Darré y creó la ”Deutsches Ahnenerbe—Studiengesellschaft für Geistesurgeschichte” (“Herencia Ancestral Alemana – Compañía para el estudio de la historia primigenia del espíritu”). Su objeto era buscar la confirmación de que un pueblo nórdico, los arios, había dominado todo el mundo en tiempos protohistóricos. Decir todo el mundo no era para ellos una exageración. Según algunas de las teorías racistas más intrépidas, como las de Hans F. K. Günther, profesor de la Universidad de Berlín, los arios habían llegado a conquistar China y Japón, donde gobernaron desde entonces como castas guerreras. Así pues ¿los samuráis eran arios? Pues parece que sí. Himmler, por su parte, estaba convencido de que los arios provenían de la Atlántida, donde habían fundado una magnífica civilización prematuramente frustrada por un tsunami. Además, pensaba, su camino evolutivo había sido diferente, y sin duda más refinado, que el del homo sapiens estándar. En un combinado intelectual de este tipo, era previsible que la atención de la Ahnenerbe se dirigiera hacia el esoterismo y el ocultismo, y así fue. Lamas, chamanes, runas y petroglifos se convirtieron en portadores de una emocionante historia secreta según la cuál la raza elegida de los arios había protagonizado desde tiempos inmemoriales una titánica lucha contra el mal. Es decir, contra los judíos.

Darré estaba hasta entonces a cargo de la Oficina para la Raza y el Asentamiento de las SS. Su misión había consistido en verificar la pureza racial de los aspirantes a ingresar en el cuerpo, y, una vez dentro del mismo, proporcionarles el adoctrinamiento adecuado. Wirth era uno de los mayores especialistas alemanes en prehistoria, y además estaba especialmente atraído por la Atlántida, pero aún así resultó demasiado serio para el proyecto. Dirigió dos expediciones de la Ahnenerbe. La primera a Karelia, en la que se dedicó a estudiar el folklore local, contactó con brujos autóctonos, se interesó, por motivos desconocidos, por las saunas finlandesas, y demostró un singular desenfado al manejar los presupuestos de la institución. La segunda expedición se dirigió al sur de Suecia, y en ella se centró en el análisis de petroglifos de los que creyó deducir la existencia de un alfabeto primitivo. Pero en 1937 Wirth abandonó la Ahnenerbe y fue sustituido por Walther Wüst, especialista en la India y un excelente divulgador del conocimiento. En ese momento, la compañía cambió su nombre por el más austero ”Forschungs und Lehrgemeinschaft: das Ahnenerbe” ("Comunidad para la investigación y enseñanza: La Herencia Ancestral"), y Wüst, hombre de altas miras, gasto 300.000 marcos del erario en trasladar su sede al barrio berlinés de Dahlem.

Desde su nueva sede, la Ahnenerbe emprendió nuevas expediciones. He aquí algunos ejemplos. En 1937 sus científicos viajaron a Francia, visitaron la gruta de Les Trois-Frères, y se extasiaron ante la figura de El Hechicero, un ser realizando enigmáticos ritos y dominando rebaños (¿un proto-Führer?). Más adelante se dirigieron al valle de Camonica, cerca de Pérgamo, para estudiar unas inscripciones en roca, parecidas a runas, que los llevaban a sospechar que, a pesar de su morenez, los fundadores de Roma también habían sido nórdicos. También investigaron las criptas de una serie de prominentes familias locales, pero los motivos permanecen ocultos.

Parece ser que el deseo de encontrar el hogar natal de los arios (si es que la Atlántida debía ser finalmente descartada) estaba detrás de la más famosa expedición patrocinada por la Ahnenerbe, la que, dirigida por el naturalista Ernst Schäffer emprendió al Tibet. Junto a Schäffer estaba Bruno Beger, un discípulo de Günther, que se dedicó a medir con entusiasmo el cráneo de los tibetanos para confirmar su parentesco con los nórdicos. De paso, encontró esvásticas.

Pero las investigaciones de la Ahnenerbe no sólo estaban dirigidas a rastrear los orígenes de los arios, sino también su perpetuo conflicto con los judíos.
Por ejemplo en 1938 dos profesores promovieron un viaje a Oriente Medio en el que pensaban demostrar que las tensiones del Imperio Romano con sus dominios más orientales había sido un mero reflejo de las existentes entre nórdicos y semitas (pues, recordemos, el Imperio Romano era en realidad nórdico). Incluso la estructura de la música venía a confirmar esta tensión racial:entre las conclusiones que la sección de musicología de la Ahnenerbe extrajo de sus estudios estaba que la consonancia alemana entraba en conflicto directo con el atonalismo judío.


Imágenes:
1. Emblema de la Ahnenerbe.
2. Hans F. K. Günther.
3. El Hechicero de Les Trois-Frères.
4. Runas en Camonica.
5. Esvásticas en el Tibet.
6. Bruno Beger comprobando su afinidad racial con una tibetana.

sábado, 26 de noviembre de 2011

BLACKTHORN


En Buenos Aires, a punto de ser asesinado en un callejón, Corto Maltés es salvado por Robert Leroy Parker. Unos años más tarde, este mismo RLP ve pasar los días desde una cabaña perdida en Bolivia bajo el nombre de Blackthorn. El sitio es idílico, vive con una india, y se dedica a criar caballos, pero lo atenaza la nostalgia. Planea volver a Estados Unidos, donde vive un adolescente con el que mantiene una correspondencia regular. El valor emocional de este joven deriva de ser hijo de su mejor amigo, Harry Longbaugh, y de la mujer a la que ha amado, Etta. Los nombres de ellos nos dicen poco. Sus seudónimos algo más: son Butch Cassidy y Sundance Kid*. Etta es Etta Place. Resulta que ni uno ni otro han muerto en el famoso tiroteo con el ejército boliviano. Unos meses más tarde, Sundance Kid muere efectivamente, y Parker abandona el robo de bancos.

Así que Blackthorne saca del banco sus ahorros, esta vez de forma convencional, y emprende el regreso, pero es asaltado por Eduardo Noriega que acaba de robar en una mina de plata y, tras perder su caballo, se encuentra a merced de sus seguidores. Ahora ninguna de ellos tiene caballo, pues también el de Blackthorn ha huido durante el episodio, y el asunto es serio, pues se encuentran en mitad de ninguna parte. Noriega es un tipo simpático, y Backthorn, que es un sentimental y valora la amistad por encima de todo, acaba cogiéndole cariño. Continúan, pues, juntos sometidos a una larguísima y azarosa persecución (lo que, en el caso de Blackthorn, parece ser su sino) que los lleva al deslumbrante desierto de sal de Uyuni.

Hasta aquí bien. La película consigue desarrollar el tono nostálgico adecuado (crepuscular, dirían algunos), y Sam Shepard crea un personaje convincente. Pero luego el director se lo carga todo. Para empezar porque mete en la historia a un inverosímil detective de Pinkerton (Stephen Rea), que ha seguido a lo largo de los años a Parker, y cuyo discurso es imposible de entender si no es asumiendo que padece cierto retardo mental. Pero lo peor de todo deriva, creo, de la profunda ideologización del cine español. Entiendo que están tan acostumbrados a justificar las subvenciones incluyendo a los consabidos personajes yin-yang (como el malvado plutócrata y el heroico miliciano) que el director se ha sentido obligado a meter el esquema en la película. De este modo Blackthorn se lleva el disgusto de su vida al descubrir que el simpático Noriega no ha robado los ingresos de una mina a un capitalista opresor (¡bien hecho!), sino a una cooperativa de indios (¡ah!, ¡oh!, ¡ha robado al pueblo oprimido!). Al enterarse, Blackthorn, impelido al parecer por su conciencia de clase, le pega un tiro a Noriega y lo deja a disposición de sus perseguidores. Les he destripado la película, sí, pero, créanme, les he hecho un favor.

He mencionado a Corto Maltés porque la película me lo ha recordado. También el frustrado personaje de Noriega me evoca al inolvidable teniente Stella, un tipo sin escrúpulos, simpático y peligroso, en el que me atrevo a pensar que se ha inspirado el director. De hecho, también el teniente Stella acaba asesinado por su amigo, el revolucionario Cush, pero es que, visto retrospectivamente, hay que reconocer que también Corto Maltés estaba ideologizado hasta las cachas.

* Realmente, si estos nombres tampoco les suenan deben ir más al cine.



BLACKTHORN. 2011. Mateo Gil

viernes, 18 de noviembre de 2011

HHhH


Llegué a este libro gracias a una critica de Vargas Llosa, aparecida hace algunas semanas, creo, en El País. El enigmático título es el acrónimo de Himmlers Hirn heisst Heydrich, el cerebro de Himmler se llama Heydrich. Narra el atentado organizado desde Inglaterra, y perpetrado por comandos checoeslovacos, contra el todopoderoso Protector (magnífico eufemismo) de Bohemia y Moravia.

Estamos acostumbrados a que el narrador sea omnisciente, aséptico y neutral, pero el autor, Laurent Binet, no es ninguna de estas cosas. Titubea y duda al contar los sucesos, y en ocasiones relata una cosa que desmiente un par de capítulos más adelante reconociendo su error. Toma partido por los personajes, y no se molesta en absoluto en disimular sus afectos y fobias. Además se entromete continuamente en la historia contándonos la suya propia. Todo esto podría ser una técnica deliberada (el propio Borges aconseja que el narrador simule dudar para proporcionar mayor verosimilitud), pero produce más bien la impresión de naturalidad. El lector acaba cogiendo simpatía a Binet, y termina contagiado por su entusiasmo.

Aunque la historia, por sí misma, merece todo el entusiasmo. Heydrich es quizás una de las personas más malvadas que ha existido, capaz de destacar incluso entre la maldad absoluta que representa el nazismo. Uno no puede dejar de sentir la misma simpatía que el propio autor por los comandos checos que organizaron el atentado, y al final se ve irremisiblemente envuelto en el relato. No se lo pierdan.

Imagen 1. Heydrich recibiendo las 7 llaves de Praga del presidente-títere Hácha.
Imagen 2. Gabcík y Kubis (no en este orden).

jueves, 3 de noviembre de 2011

ZAPATERO EN EL LABERINTO

Suso de Toro escribe hoy en El País un sentido homenaje a Zapatero. Su lectura es algo farragosa, así que les dejo una síntesis:

Zapatero es “un intelectual", dotado de “buenas maneras”, “ascetismo” y unas “ fuertes convicciones”, que en el "laberinto de Moncloa" se ha enfrentado a las ”acechanzas financieras”. El Minotauro de León también ha sido “un gobernante valiente y audaz” y un “un regeneracionista español puro" que ha estado “entregado al sueño de España", aunque "no es nada arquetípicamente español o, al menos, castizo". Ha conseguido “una ampliación impensable e histórica de las libertades y el reconocimiento de derechos de las personas". Ha “extendido la cobertura social", y ha “animado la modernización y democratización de la sociedad española”. Intentó pinchar la burbuja de ladrillo (qué hermosa imagen), y ha acabado con ETA. A la vista de todo esto, nadie puede dudar que Zapatero es “un tipo decente y valiente", y, en resumen, que ha sido un gobernante providencial.

Es cierto por otra parte (y Suso es demasiado honesto como para negarlo), que la situación en España es horrorosa, pero se trata de un mero problema geológico: “estamos en una placa tectónica que desciende mientras asciende otra”. ¿Quién podría culpar a Zapatero de estos movimientos telúricos, tan caprichosos”. No seamos, pues, ingratos. Simplemente, debemos resignarnos y abandonar el “hegelianismo decimonónico autocomplaciente, sea eso lo que sea, porque “viene el tiempo de China”.

(Suso de Minotauro, aquí y en Pekín.)

lunes, 10 de octubre de 2011

EL HOMBRE DISUELTO (2)

Pues parece que me he metido en un berenjenal. Eric Hoffer demuestra una penetración sicológica sorprendente y el libro está trufado de frases brillantes, de modo que la tarea de resumirlo es francamente complicada. Únicamente se podría poner algún pero a su sistematización. El libro esta dividido en cuatro partes:

1. La llamada de los movimientos de masas.
2. Los conversos potenciales.
3. Unidad de acción y autosacrificio.
4. Principio y fin.

Las partes 1 y 3 se dedican a describir los impulsos que mueven a las personas a fundirse en una masa. La 2 se centra en el perfil de los más proclives a ello. La 4 se encarga de estudiar la evolución del movimiento de masas, y el papel que desempeñan en cada fase distintos tipos de personas, desde los intelectuales hasta los fanáticos. Centrémonos ahora en las partes 1 y 3.

Lo primero que hay que decir al estudiar la atracción de la masa es que hay fuerzas que son evidentes y otras que no lo son tanto. Todas ellas derivan de necesidades emocionales de la persona por lo que, a pesar de que el movimiento de masas siempre dice defender nobles causas, el impulso que lleva a él es egoísta. Entre las primeras está, obviamente, el deseo de cambio, que a su vez deriva directamente de la insatisfacción de la persona con su condición presente. Esto no quiere decir que, cuanto peor sea la situación de partida, mayor sea la probabilidad de que el movimiento se desencadene. Para que éste se ponga en marcha es imprescindible que concurra una cierta sensación de poder. Ni la revolución bolchevique ni la francesa estallaron cuando las condiciones de vida eran más opresivas sino, paradójicamente, cuando habían comenzado a mejorar. En Francia, por ejemplo, habían desaparecido instituciones que se mantenían intactas en otros países de Europa (1).

Me interesan más el segundo grupo de fuerzas, las menos obvias. Copio un párrafo de Erich Fromm que viene perfectamente al caso:

Lo que caracteriza a la sociedad medieval, en contraste con la moderna, es la ausencia de libertad individual. Todos, durante el periodo más primitivo, se hallaban encadenados a una determinada función dentro del orden social. Un hombre tenía pocas probabilidades de trasladarse socialmente de una clase a otra, y no menores dificultades tenía para hacerlo desde el punto de vista geográfico. (…)

Pero aún cuando una persona no estuviera libre en el sentido moderno, no se hallaba ni sola ni aislada. Al poseer desde su nacimiento un lugar determinado, inmutable y fuera de toda discusión, dentro del mundo social, el hombre se hallaba arraigado dentro de un todo estructurado, y de este modo la vida poseía una significación que no dejaba ni lugar ni necesidad para la duda.
”.(2)

Según Fromm, hasta el Renacimiento el hombre no tenía libertad, pero a cambio tenía un sitio definido en el mundo. Formaba parte de una comunidad, y dentro de ésta de un estamento y de un gremio. No tenía que plantearse grandes cuestiones, porque lo que se esperaba de él estaba perfectamente claro. Su vida tenía un sentido derivado de su pertenencia al grupo, y así incluso las cuestiones de inmortalidad eran menos relevantes, porque el grupo es inmortal.

Con el paso al mundo moderno, el hombre comienza a ser dueño de su destino, y enseguida descubre que esto no es una ganga. Liberado de los lazos que lo unen con el grupo, el hombre siente antes el peso de la soledad que los beneficios de la libertad. Su insignificancia ante la inmensidad del espacio y el tiempo lo angustia: se visualiza a sí mismo como un náufrago agarrado precariamente a una tabla en un negro e infinito océano. El miedo y la incertidumbre lo abruman.

Para colmo, la capacidad de tomar las propias decisiones viene acompañada de la responsabilidad. Integrado en un grupo, el hombre se limita a seguir sus movimientos como pez en cardumen; fuera de él es responsable de sus actos.

Surge, además, un problema adicional. Liberado a sus propios recursos, el hombre descubre que dispone de un tiempo limitado y que no puede desperdiciarlo: se ve obligado a desarrollar un buen papel. Para el que fracasa, la visión de los que triunfan se hace insoportable. Aparece con fuerza la frustración. Descubre que una igualdad, en la que nadir destacar, es mucho más gratificante.

Soledad, incertidumbre, insignificancia, miedo, responsabilidad, posibilidad de fracaso, envidia, frustración, mortalidad. En estas condiciones, no es de extrañar que experimente un fuerte deseo de rehacer los lazos rotos que lo unían con la comunidad. De renunciar a su individualidad. Por eso, el deseo de disolución es potente, y la llamada de la masa una tentación constante.

Hoffer proporciona una serie de ingredientes para que la receta de la masa sea exitosa. Uno de ellos es la denigración del presente: “Todos los movimientos de masas menosprecian el presente pintándolo como un mero preámbulo para un glorioso futuro; un simple felpudo en el umbral del milenio. Para un movimiento religioso el presente es un lugar de exilio, un valle de lágrimas que conduce al reino de los cielos; para un revolucionario social, es una mera estación en el camino a la Utopía; para un movimiento nacionalista es un innoble episodio previo al triunfo final.

En realidad, el correcto manejo del tiempo no sólo debe apuntar hacia el futuro, sino también hacia el pasado: “los movimientos religiosos se remontan al día de la creación; las revoluciones sociales hablan de una edad de oro en la que los hombres libres, iguales e independientes; los movimientos nacionalistas reviven o se inventan memorias de pasadas grandezas.”. Este abandono del presente a favor del pasado y el futuro es muy importante para la disolución completa del individuo, pues éste, que realmente no dispone más que del presente, podrá acceder a sacrificarlo todo y, si la causa lo requiere, matar o morir. Permítanme acabar con este párrafo genial:

Una conciencia histórica proporciona una sensación de continuidad. Poseído por una vívida visión del pasado y el futuro, el verdadero creyente se ve a sí mismo como parte de algo que se extiende ilimitado hacia el pasado y el futuro: algo eterno. Puede desprenderse del presente (y de su propia vida) (...) porque no es el principio y el fin de todas las cosas. Es más, una vívida conciencia del pasado y el futuro despoja al presente de su realidad. Hace que el presente parezca una etapa en una procesión, o un desfile. Los seguidores de un movimiento de masas se ven a sí mismos marchando con tambores y banderas al viento. Son participantes de un emocionante drama representado ante una vasta audiencia _generaciones que ya se han ido y generaciones venideras. Se les hace creer no son ellos mismos, sino actores interpretando un papel, y sus actos una representación más que algo real. Morir, asimismo, lo ven como un gesto, un acto de fantasía.

(continuará, me temo)
_______________

(1) En Alemania el campesino continuaba vinculado a la tierra que trabajaba, que no podía abandonar. Además estaba obligado a trabajar gratuitamente para su señor, en ocasiones hasta tres días por semana, mientras que en Francia la corvée ya había desaparecido. A este respecto dice Tocqueville en "El Antiguo Régimen y la Revolución": “Una cosa sorprende a primera vista: la Revolución, cuyo objeto propio consistía en abolir por doquier las restantes instituciones medievales de la Edad Media, no estalló en los lugares en los que tales instituciones, conservándose mejor, hacían sentir más al pueblo sus trabas y su rigor, sino al contrario en aquéllos donde lo hacían menos; de suerte que el yugo ha parecido más insoportable allí donde, en realidad, era menos pesado.

(2) Erich Fromm. El miedo a la libertad.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

EL HOMBRE DISUELTO

.
Hay potentes fuerzas que llevan a la persona a querer disolverse en una masa.

Una de ellas es la frustración. El hombre dispone de un tiempo limitado y desea interpretar un buen papel. Cuando fracasa en el empeño, la única salida posible puede ser renunciar al protagonismo (en realidad, a la propia individualidad) y convertirse en elemento de la masa, que pasa a ser la protagonista de la película. En este punto hay que hacer notar tres cosas. Una, que el fracaso puede ser imputable a la persona (uno puede no tener las energías, la decisión, o las ganas de pelear por un buen resultado) o a las circunstancias (la naturaleza, o la sociedad, pueden haberlo tratado cruelmente). No obstante el occidental, quizás como consecuencia de un complejo de culpa derivado de la evidencia de que no todos tenemos las mismas oportunidades, suele cometer el error de englobar a ambos grupos en la misma categoría (los desheredados, los oprimidos, lo que sea), lo que en ocasiones le lleva a un análisis excesivamente benevolente. Dos, que la respuesta del ser humano a la frustración es la violencia y el odio. El frustrado que se disuelve en la masa alberga un potente resentimiento, tanto contra el mundo en el que ha fracasado, como contra aquél que ha triunfado. Este resentimiento, convenientemente enfocado contra un enemigo exterior, resulta ser el mejor cemento para cohesionar la masa, pero convierte al frustrado en un ser altamente destructivo (y el reconocimiento de este hecho tampoco debe verse enturbiado por complejos de culpa). Tres, la disolución en la masa satisface el anhelo de igualdad, entendido como el deseo de que nadie pueda destacar y poner de manifiesto, por comparación, nuestras propias carencias.

Otra fuerza es la incertidumbre. La libertad no es una ganga: la persona debe comprender la realidad y tomar sus propias decisiones, y éstas pueden ser equivocadas. Ante esto, el mayor temor que experimentamos no es el suscitado por el resultado adverso que una mala elección pudiera provocar, sino el que provoca la posibilidad de descubrir que somos memos. En la masa la incertidumbre desaparece, y el lugar de uno en el mundo queda perfectamente definido. La disolución en la masa, desde este punto de vista, implica renunciar a la penosa carga de la libertad, liberándose de su aún más penosa contrapartida, la responsabilidad.

Una tercera es la aversión a la muerte. Las personas somos mortales, mientras que la masa escogida es inmortal (entendámonos, inmortal, en términos humanos, equivale a unos cientos o miles, de años; a partir de ahí, la idea de inmortalidad comienza a ponerse agobiante). Disolviéndonos en la masa compartimos sus atributos, y de este modo alcanzamos la inmortalidad. Es por eso que la disolución conlleva el desprecio por las vidas individuales, no sólo las ajenas sino incluso la propia. Obsérvese que el adepto dispone de una enorme capacidad de autosacrificio a favor de la masa, pero esta aparente renuncia es egoísta: el adepto puede llegar a renunciar a su propia vida por la masa, pero es porque es en ésta en la que ha depositado su propia inmortalidad.

De estas motivaciones se nutren las masas, y son estables en la cartografía emocional de la persona. Lo que varía en el tiempo, pues está sujeta a la moda y a la etiqueta, es la forma de la masa en la que la persona opta por disolverse. En el Tercer Mundo la religión continúa siendo la forma preferida, y en la actualidad el islamismo es, posiblemente, la masa más potente en acción. Por el contrario, en nuestras modernas sociedades ilustradas la masa suele adoptar la forma de ideología o nación.

He comenzado a hablar de adepto para referirme a la persona que se disuelve en una masa. Es, creo, la traducción más aproximada de true believer*, título del libro de Eric Hoffer al que me gustaría dedicar alguna entrada más sobre este asunto.

* “The true believer”. Eric Hoffer.

sábado, 3 de septiembre de 2011

THE WIRE

La política debería ser realista; la política debería ser idealista. Estos dos principios son verdaderos cuando se complementan, y falsos por separado.” Johann K. Bluntschli


La política puede contemplarse desde una perspectiva ideal y otra real. O bien prescriptiva (lo que debe ser) y descriptiva (lo que es). Lo importante es destacar que, cuando el análisis se acomete exclusivamente desde una de las perspectivas, el error (o el desastre, cuando se tiene poder efectivo) están garantizados. De paso, sospecho que cuando políticos poco escrupulosos llegan al poder, y acceden a un conocimiento privilegiado de la política real, el efecto es devastador. Es fácil que estos políticos lleguen rápidamente a la conclusión de que toda la política es real, y olviden con la misma velocidad el plano ideal o prescriptivo. El político así liberado de escrúpulos pensará que todos los que continúan contemplando la política desde una perspectiva de valores son meros ingenuos, y que él no es un sinvergüenza, sino un nuevo Maquiavelo. Personajes como Rubalcaba o Pepe Blanco encajan especialmente bien en este modelo.

En una sociedad ideal, la policía debe perseguir a los delincuentes, los jueces deben juzgarlos, los políticos dirigir… The wire presenta la red de fuerzas reales que concurren en una sociedad determinada. El lugar escogido es Baltimore; el momento, la actualidad. A través de cinco temporadas, la serie describe algunos aspectos de la realidad; la policía, las calles, el puerto y los sindicatos, la educación, la prensa… Y, por supuesto, la política. El candidato a alcalde Thomas Carcetti, que comienza siendo un trepa, acaba convertido en un tipo bastante honesto que, sin embargo, tiene las manos muy atadas por todas las fuerzas en juego. Tan atadas, que su margen de actuación parece, finalmente, muy escaso. Como la serie es muy real, es fácil caer en la desesperanza o el cinismo.

Pero lo importante son las personas, y The Wire las muestra creando caracteres convincentes. ¿Qué hacen? Pues cada uno actúa bien o mal, según sus inclinaciones personales, pero siempre sometido a los campos magnéticos de los distintos poderes en juego. Obviamente, los que actúan bien, aquellos que intentan hacer correctamente su trabajo, no siempre son premiados. Más bien lo contrario. Jimmy Mc Nulty y Lester Freamon son excelentes policías, y, en consecuencia, no es raro encontrarlos desterrados en los trabajos más ingratos: confinados en los archivos de una comisaría, o patrullando en una lancha las frías aguas de la bahía. Porque para la policía de Baltimore no siempre es prioritario resolver los casos, y es posible que prefiera que unos cuantos cadáveres permanezcan sin descubrir con tal de que sus estadísticas no empeoren. El caso de McNulty y Freamon es importante, porque plantea interesantes dilemas morales. Sometidos a unas reglas de juego que consideran corruptas acaban, sencillamente, haciendo trampas. Hasta extremos espectaculares, en la última temporada.

La serie, es magnífica, y supone un salto cualitativo con respecto a las que estábamos acostumbrados. No se la pierdan, pero véanla en inglés subtitulado: con el doblaje español, los negros de la calle hablan como académicos de la lengua.





viernes, 12 de agosto de 2011

LAS RECETAS DE CAMERON Y LOS "RUFIANES"

Este artículo de Público refleja bastante bien la actitud de la bienpensante progresía ante los disturbios de Inglaterra.

El relato es el siguiente. Todo empezó cuando la policía mató al presunto traficante de drogas Mark Duggan por ser negro. A partir de ese momento el pueblo se rebeló por el “rencor racial fermentado durante 30 años ante la actuación prepotente y xenófoba de la Policía Metropolitana destacada en esas empobrecidas barriadas de población afro-caribeña”. En realidad, la revolución no sólo es racial. Es obvio que la muerte de Duggan no fue más que la gota que colmó el vaso de la justa indignación provocada por los recortes sociales del gobierno de Cameron. Ahí está, pues, el verdadero culpable. Me refiero a Rajoy, al que el artículo se las arregla para señalar en dos ocasiones.

La derecha, como era previsible, ha intentado desde el primer momento presentar esta hermosa rebelión social y racial como mero gangsterismo: “porque las revueltas sociales que incendian Inglaterra son consideradas por la derecha como siempre que se rebelan los desheredados un desagradable problema de orden público que se arregla a garrotazos.” El propio Cameron ha calificado, insensiblemente, a estos luchadores por la libertad como “rufianes”. Claro, dice irónicamente el comentarista, “¿cómo van a tener algo que ver en ello los tijeretazos de los subsidios y programas sociales impuestos por Cameron en su política de austeridad?”. De hecho, continúa, “que los grandes disturbios de los 80 en Reino Unido se produjeran también en plena recesión, con altísimo desempleo y severas medidas del thatcherismo ultraconservador es sólo una coincidencia, claro”.

No obstante, la progresía buenista está encontrando ciertas dificultades para encajar la realidad en sus armazones mentales. Para empezar, las imágenes muestran que los “desheredados” se están comportando, efectivamente, de forma sospechosamente similar a gangsters y rufianes. Y luego parece ser que un negro caribeño, sin duda ofuscado por los recortes de Cameron, ha asesinado a tres musulmanes que protegían sus tiendas, lo que tampoco acaba de encajar en el ideal multiculturalista(para los multiculturalistas, negros y musulmanes están juntos en el lado bueno de la Alianza de las Civilizaciones) Enseguida, no obstante, se tendrá preparado un anexo al relato que apunte a los verdaderos responsables, posiblemente Esperanza Aguirre. Seguiremos informando.

sábado, 30 de julio de 2011

BONDAD SIN ESFUERZO

Uno de los impulsos más potentes del hombre occidental es el deseo de ser considerado bueno, tanto por uno mismo como por los demás. Sin embargo, comportarse bien requiere esfuerzo y, con frecuencia, riesgos. Por eso el hombre desarrolló la capacidad de coordinar ambas variables (bondad y coste), limitando el ámbito de la bondad a la teoría, y evitando realizar los penosos esfuerzos que exigiría su aplicación práctica. Esta creación, que durante mucho tiempo permitió ser bueno sin esfuerzo, llegó a ser conocida como hipocresía.

Con el tiempo la hipocresía fue suficientemente entendida y sufrió cierto desprestigio, y por eso el hombre moderno ha tenido que desarrollar otras técnicas. Por ejemplo el progresismo, la religión mayoritaria de occidente, ha desarrollado un complejo proceso de evaluación del bien basado en las intenciones y un estricto sistema de presunciones: se presume que los adeptos de la progresía actúan siempre con buena intención, y sus adversarios siempre con mala. De este modo un mismo hecho es bueno o malo dependiendo de su autor, y por tanto los criterios de bondad no son estables. Esto obliga a un continuo reajuste de las convicciones a los comportamientos previos, que, además de cansado, vuelve más estúpido al que lo practica. Mientras tanto el grupo de las personas sinceramente buenas, es decir, aquellas que intentan adecuar su comportamiento a lo que consideran bueno, se ha mantenido bastante estable en el tiempo, es decir, francamente bajo.

Las religiones tradicionales se encargaban de proporcionar las normas para ser incluidos en el grupo de los buenos. Cuando la Ilustración las abolió, y como la necesidad de ser considerado bueno persistía, fue necesario que surgieran otras religiones que no parecieran serlo. Aparecieron así nuevos gurús encargados de señalar el camino de la bondad: los intelectuales. En cierto modo, los intelectuales se convirtieron, si no en dioses, al menos en profetas. ¿Y ellos? ¿Eran sinceros? ¿Adaptaban sus planteamientos de bondad a sus propias vidas?

Los que Paul Johnson presenta en su libro “Intelectuales” no mucho. Este es el caso, por ejemplo, de Rousseau, referente absoluto de la educación progresista, que abandonó a sus cinco hijos en un hospicio. Obviamente la muestra escogida es absolutamente sesgada (Johnson se limita a mostrar a los intelectuales que encajan en sus planteamientos), pero el libro es muy entretenido.

En realidad, la característica predominante de los intelectuales analizados por Johnson parece ser el egoísmo. Y, lo que es más interesante para el tema que nos ocupa, han descubierto una manera especial de ser buenos sin esfuerzo que está muy extendida en nuestros días. Consiste en considerarse benefactores de la humanidad en su conjunto, lo que les permite portarse mal con las personas concretas. Obviamente esto revela una indiscutible insinceridad, pero de momento parece funcionar. Acabo con la clarividente carta que Sonya, la mujer de Tolstoi, escribió a este cuando la dejó sola en Moscú con su hijo de cuatro meses enfermo:

Mi pequeño todavía está mal (…). Puede que tanto Syutayev como tú no améis a vuestros propios hijos, pero nosotros, simples mortales, no podemos justificar esa carencia de amor por una persona profesando un tipo de amor u otro por el mundo entero”.

martes, 19 de julio de 2011

HISTORIA DEL JAPON (13): SHINGEN vs KENSHIN


He aquí una magnífica historia del Sengoku jidai. Takeda Shingen y Uesughi Kenshin eran daimyô de provincias situadas en la zona central de Honshû. Shingen estaba emparentado con los Minamoto, mientras que Kenshin provenía de una familia samurai de rango menor que había ido ascendiendo progresivamente gracias a su habilidad política y sus éxitos militares. Ambos eran consumados guerreros y mecenas de las artes. A partir de aquí hay ciertas diferencias entre ambos. Kenshin se mantuvo soltero toda su vida y no tuvo hijos. Shingen tuvo dos esposas, tres amantes oficiales, y unas treinta extraoficiales. Además, por si este alarde fuera poco, era bisexual, y mantenía una relación estable con uno de sus generales (aunque no en batalla).


Ambos eran budistas. A Shingen le gustaba ser representado como el demonio Fudo Myo-o, y Kenshin era considerado por sus seguidores un avatar de Bishamonten, deidad budista de la guerra. Quizás por ello, para él la guerra no era un medio, sino un fin: “Shingen hace la guerra para conquistar territorios y plantar arroz en ellos. En cuanto a mi, me fastidia que se enmohezcan mis lanzas”.


Ambos, en fin, compartían una recíproca y renuente admiración, y se peleaban de una forma bastante caballerosa. Un ejemplo. Shingen obtenía sal del océano Pacífico pero su provincia no tenía costa, de modo que, cuando sus poderosos vecinos, los daimyô Hôjo e Imagawa, se pusieron de acuerdo, se quedó sin suministro. Cuando Kenshin lo supo envío una carta a Shingen que decía: “Me he enterado de que Ujiyasu (Hôjo) y Ujizane (Imagawa) están usando la sal para atormentarte. Esto es cobarde e injusto. Yo peleo contigo con arcos y flechas, no con arroz y sal. Por eso, te ruego que obtengas la sal a través de mis tierras”.


El escenario de sus luchas fue Shinano, la provincia que tuvo la desgracia de estar entre ambos. Allí, entre 1553 y 1563, Shingen y Kenshin se enfrentaron en nada menos que seis batallas, y siempre en el mismo sitio, el valle de Kawanakajima. De todas ellas, la cuarta fue la más dura. En una ocasión, en Kawanakajima, Shingen estaba esperando en retaguardia noticias de una escaramuza cuando unos jinetes se acercaron al galope. Nadie sospechaba una incursión enemiga, pero se trataba de Kenshin en persona. Antes de que la guardia personal pudiera reaccionar, Kenshin cargó contra Shingen, que, sin tiempo para coger su katana, tuvo que defenderse con el abanico que usaba para dar indicaciones en combate (de este episodio salió con heridas de diversa consideración).



Puede decirse que la guerra entre Kenshin y Shingen terminó en tablas. A continuación, Kenshin dirigió sus esfuerzos hacia los daimyô Hôjo y Oda Nobunaga (de quien más adelante hablaré), y en 1577, en Tedorigawa, infligió a este último una de las pocas derrotas que sufrió en su vida. En ese momento Kenshin parecía el único daimyô capaz de oponerse a Nobunaga, pero un año más tarde un criado lo encontró agonizando en sus aposentos. Tan providencial resultaba esta muerte para Nobunaga, que se sospechó que había sido obra de éste a través de asesinos ninja.


___________________

Imágenes:
1.- Takeda Shingen con su abanico.
2.- Uesugi Kenshin.
3.- Takeda Shingen representado como Fudo Myo-o.
4.- Una imagen más serena de Takeda Shingen.
5.- Una de las batallas de Kawanakajima.
6.- Un general de Kenshin, en Kawanakajima, rompiendo un escudo de un sablazo. Pueden (y deben) ver una estupenda colección de hazañas de generales en Kawanakajima aquí.
7.- Estatua en Nagano representando el famoso episodio de Kenshin, Shingen y el abanico.

sábado, 16 de julio de 2011

SALZBURGO Y BERCHTESGADEN


Salzburgo podría ser una ciudad bonita, pero se queda en sosa. Contribuyen decisivamente a ello las fachadas de las casas que, o bien son pintadas con colores tristes (predominando el gris cemento), o sometidas a un severo gotelé. Con frecuencia, sufren simultáneamente ambos tratamientos, y en ese sentido, la gente de Manacor estará allí como en su casa.


A 30 kilómetros de Salzburgo, en los Alpes bávaros, se encuentra Berchtesgaden. Está en un valle rodeado de montes, y uno de ellos es el Obersalzberg, famoso por albergar el Berghof, la residencia de vacaciones de Hitler. También adquirieron casas allí Göring, Speer y Bormann, y en 1936 todos los propietarios originales de la zona habían sido desplazados. A continuación, el Obersalzberg fue fortificado con búnkers, cañones antiaéreo, y barracones para albergar numerosos contingentes de las SS y las SD. El pueblo de Berchtesgaden se convirtió en destino de visitantes extranjeros y en lugar de peregrinación nacionalsocialista; se construyó una estación apta para recibir visitantes ilustres, y se adecuaron hoteles de lujo. En 1939, como regalo por el 50 cumpleaños del Führer, el Partido le regaló el “Nido del Águila”, un chalet en la cima del monte con impresionantes vistas sobre Berchtesgaden. Para acceder a él tuvo que ser construida una carretera de 6,5 kilómetros, incluidos 5 túneles, que costó, según wikipedia, el equivalente a 150 millones de euros de 2007. Los últimos 125 metros son salvados mediante un ascensor, decorado con exquisito mal gusto abundante en dorados. El regalo no tuvo, en realidad, mucho éxito. Parece ser que Hitler sentía claustrofobia dentro del ascensor, y no subió al “Nido del Águila” más de dos o tres veces.


En abril de 1945, temiendo que Hitler huyera de Berlín y estableciera un último reducto en la zona, los aliados bombardearon meticulosamente Berchtesgaden y el Obersalzberg. A continuación, tropas de las SS en retirada incendiaron el Berghof. Según “Band of brothers”, los soldados de Easy Company fueron los primeros en llegar a la zona, aunque parece ser que, en realidad, fueron los de la 3ª División de Infantería.


Si visitan Berchtesgaden, reserven tiempo para alguna excursión por el Königssee.




* En esta magnífica página web pueden ver imágenes de Berchtesgaden, en la época nazi y en la actual.

Imágenes
1) La “Calle del trigo” en Salzburgo.
2) Detalle del gotelé de Salzburgo (k.u.k.)
3) El ex rey Eduardo VIII, acompañado de Wallis Simpson, en Berchtesgaden en octubre de 1937. Una imagen que contribuye a explicar por qué no continuó siendo rey.
4) y 5) El Königsee.

domingo, 10 de julio de 2011

HISTORIA DEL JAPON (12): LA ERA SENGOKU


La Guerra Ônin marca el inicio del Sengoku jidai, el “periodo de los estados en guerra”, que abarca desde la mitad del siglo XV hasta comienzos del XVII. Todo empezó con el declinar de los sucesivos shôgun Ashikaga y el desvanecimiento del poder central, que fue gradualmente asumido por los antiguos gobernadores provinciales. Eran estos los shugo, que cuando llegaron a ser virtualmente independientes se llamaron daimyô, señores absolutos en sus respectivos Reinos de Taifas. Una vez independizados del poder central (aunque todos ellos continuaban venerando al Emperador), los daimyô se dedicaron a acrecentar su poder a costa de sus vecinos, y así, poco a poco, el poder disperso volvió a reunirse. Como una gota de mercurio que se estrellase contra el suelo y se fragmentara en otras más pequeñas, y después las más grandes de éstas fueran absorbiendo a las menores hasta volverse a reunir en un todo. Todo esto a lo largo de un siglo y medio.


En 1542, el portugués Fernando Mendes Pinto salió de la colonia de Macao en dirección a Portugal. Una tormenta lo desvió de su rumbo e hizo que tuviera que refugiarse en Tanegashima, un puerto de Kyushu. Los portugueses fueron llevados ante el daimyô local, que se mostró muy impresionado por los arcabuces que llevaban. Los japoneses ya conocían, a través de los chinos, la pólvora y distintas armas de fuego, básicamente para asedio, pero nada parecido a estas armas ligeras. Después de estudiarlos detenidamente consiguieron reproducirlos, iniciando una exitosa tradición de imitación de tecnología. Estos arcabuces, a los que denominaron Tanegashima, por el puerto a través del que habían llegado, o teppô, suscitaron el desagrado de los samurai, ya que mataban de una manera impersonal que no permitía poner en evidencia el valor de los contendientes. Otra vez el gekokujô. Pero el pragmatismo volvió a imponerse, y poco a poco fue extendiéndose su uso, primero como un arma auxiliar, y, finalmente, como un arma decisiva en la batalla.


En uno de sus viajes Mendes Pinto regresó de Japón con un fugitivo llamado Anjiro. En Goa, Anjiro conoció al jesuita Francisco Javier, que se preparaba para evangelizar el Japón, y que lo convenció para que lo acompañara como intérprete. En 1549 llegaron a Kagoshima. A pesar de la formidable barrera idiomática, y la dificultad de transmitir ciertos conceptos teológicos cristianos, Francisco Javier consiguió crear congregaciones jesuitas estables en Hirado y Yamaguchi.


______________

Imágenes:
1.- El daimyô Uesugi Kenshin, del que hablaré en una próxima entrada, luciendo una magnífica armadura sengoku.
2. Tanegashima, arcabuz japonés.
3.- Arcabuceros.
4. Estatua de Francisco Javier y Anjiro en Kagoshima.

sábado, 9 de julio de 2011

LOS NUEVOS GNÓSTICOS (3)


4)
El Evangelio de la Verdad es motivo de alegría para aquellos que han recibido del Padre de la Verdad el regalo de conocerlo, a través del poder de la Palabra que vino directamente desde el Pleroma”.

El Evangelio de la Verdad es uno de los textos de Nag Hammadi, y está escrito por discípulos del maestro gnóstico Valentín (100-160) o quizás por él mismo. Digamos desde el principio que para Valentín no todos los hombres son iguales. Los pocos elegidos tienen ante sí una misión de gran importancia: nada menos que desvanecer con su iluminación los restos de ignorancia del Pleroma. La historia es la siguiente.

Según Valentín la crisis se desencadenó en el Pleroma por la arrogancia de Sofía, el más joven (y obviamente femenino) de los Eones que en su alocamiento pretendió comprender al Dios Supremo. No lo consiguió porque para evitar curiosidades inoportunas en el Pleroma está establecido el Límite. Al chocar violentamente contra él Sofía se disoció en dos, y una de las partes recobró la cordura. Pero en la otra se desencadenaron una serie de emociones derivadas de la ignorancia y la incomprensión que iban desde la angustia al terror, lo que provocó que la ignorancia se extendiera “como una niebla”. En este estado de desorientación Sofía creó la materia y al demiurgo que a su vez creó el mundo. Desde ese momento existe una perturbación en el Pleroma que los gnósticos bendecidos por el conocimiento están destinados a eliminar cuando retornen a él, y de esa manera armoniosa se cerrará el círculo.

Armoniosa pero no para todos. ¿Qué pasa con el resto de mortales, con esa mayoría que no ha sido bendecida con la Iluminación? El destino que les augura Valentín es más bien lúgubre: desaparecerán con el mundo material cuando la iluminación de los elegidos corrija la ignorancia en el Pleroma. El Evangelio de la Verdad describe la dispar situación de los elegidos y los no elegidos con dos parábolas. Según la primera, la existencia tal y como creemos conocerla no es más que una pesadilla cósmica. Aquellos que sean “despertados” comprenderán inmediatamente la situación; los demás, ni siquiera habrán existido. En la segunda alegoría se habla de una mudanza (desde el mundo tal y como lo conocemos) en la que el propietario de la casa (Dios) decide únicamente llevarse las jarras (los hombres) que están en buen uso, dejando abandonadas las demás.

Es el momento de hacer una pregunta ¿Provocaba el enfoque vital de los gnósticos efectos secundarios en su capacidad intelectual? Dice Voegelin que una de las características más destacadas de los gnósticos, tanto de los antiguos como de los nuevos, es su tendencia a prohibir las preguntas y el cuestionamiento de la doctrina. En el caso de Valentín esta prohibición aparece como una característica estructural del Pleroma, materializada como el Límite (1). En su tratado ‘Contra los gnósticos’ Plotino (204-270) se dedicó a criticar las enseñanzas de Valentín. Molestaba especialmente a Plotino que los illuminatii, como él llamaba a los seguidores de Valentín, exhibieran una aplastante superioridad moral a la vez que rehusaban dar definiciones o explicaciones concretas acerca de su doctrina, sustituyéndolas por la afirmación de que ellos “miraban a Dios”. Con esto se referían al Dios oculto, sólo accesible a ellos, justificando así la superioridad de sus planteamientos y eludiendo la argumentación.


Podríamos pensar que un argumento de autoridad similar funciona también dentro de cualquier otra religión: también el cristianismo tiene el límite de la fe. Pero la situación de cristianos y gnósticos ante el conocimiento no era simétrica. Los primeros partían de la base de que el mundo es real; los segundos, de que el mundo no es más que un engaño. El cristiano limitaba la fe a lo sobrenatural, pero podía intentar conocer el mundo con las herramientas intelectuales a su alcance. Para el gnóstico, por el contrario, lo sobrenatural empezaba en el mundo. El gnóstico recibía de entrada un mensaje demoledor: todo lo que creías saber es falso. Con esto el acceso al conocimiento por la vía empírica quedaba vedado, y sólo era posible a través de la revelación del profeta de turno. En este sentido, como señala Bertonneau, el gnosticismo no supone un avance en la sofisticada especulación filosófica, sino un retroceso a la tribu agrupada en torno al chamán.

He comentado anteriormente que, según Bertonneau, en el origen del gnosticismo está el resentimiento; también se desprende del mensaje de Valentín. Según Plotino, en el origen del resentimiento de los gnósticos se encontraba la envidia provocada por la desigualdad económica y de status. En realidad no era exactamente la desigualdad en sí lo que los molestaba (pues ellos se apresuraban a establecer un abismo entre ellos, los elegidos, y los otros), sino el hecho de no encontrarse en el lado bueno del desequilibrio del mundo realmente existente. Básicamente, por tanto, lo que los gnósticos anhelaban era la destrucción de un mundo no satisfactorio, y el advenimiento de otro en el que ellos resultasen favorecidos.
____________________________

(1) Para Valentín Sofía expresa la más peculiar dualidad. Desde lo espiritual hasta lo completamente material. En sus enseñanzas se refiere a ella como “Sophia-Prunikos” (“Sabiduría la Ramera”).

(2) Y esto no sólo aparece en Valentín: también el Tratado Tripartito sitúa el origen de la crisis en la soberbia de un Eón que consistió en “traspasar el límite del discurso en el Pleroma” al intentar captar lo incomprensible.
___________________________
Imágenes
1.- San Ireneo, el mayor detractor de Valentín.
2. Plotino.

lunes, 4 de julio de 2011

HISTORIA DEL JAPON (11): LA GUERRA ÔNIN

(Para Balsera y Pau)


La rivalidad de dos familias samurai, los Yamana y los Hosokawa, aceleró el final de la era Muromachi. Hosokawa Katsumoto y Yamana Sôzen aspiraban simultáneamente al puesto de Kanrei, delegado del shogun en Kyoto. Ese fue el momento, particularmente inoportuno, que el shôgun Ashikaga Yoshimasa, una persona débil e incapaz, escogió para dimitir y retirarse a la vida contemplativa. Los aspirantes a la sucesión en el shogunato eran su hijo y su hermano menor, y los Yamana y los Hosokowa se alinearon respectivamente con cada uno de los pretendientes. Fue el comienzo de la Guerra Ônin, que duro de 1467 a 1477. A pesar de que prácticamente se circunscribió a Kyoto fue muy destructiva, y dejó la capital en ruinas.


Mientras tanto Yoshimasa permanecía al margen de los acontecimientos, preocupado únicamente por el diseño de su Pabellón de Plata, un edificio que pretendía emular al Pabellón Dorado de su abuelo*. La guerra finalizó con la poco deportiva retirada de los Yamana, que se marcharon incendiando la ciudad. A partir de ese momento, todos los sogunes Ashikaga fueron meras marionetas en manos de los Hosokawa. Hosokawa Katsumoto pudo dedicarse entonces a construir el Ryōan-ji, un templo zen, famoso por su jardín de piedras, que serviría de tumba para siete emperadores.



* Como el inepto Yoshimasa no pudo conseguir fondos para la plata, el Pabellón quedo, significativamente, de color negro.
___________

Imágenes:
1.- Escena de la guerra Ônin
2.- Hosokawa Katsumoto
3. El jardín de piedras de Ryōan-ji

jueves, 30 de junio de 2011

LOS NUEVOS GNÓSTICOS (2)


Las distintas sectas gnósticas de los primeros siglos de la Cristiandad creían que el mundo no había sido creado por un dios bondadoso y sabio, sino por un demiurgo inferior de naturaleza maligna. Existía, sí, ese dios bueno, que presidía un panteón luminoso conocido como el Pleroma, pero permanecía desconocido para el común de los mortales. La divinidad suprema gobernaba el Pleroma asistido por los Eones, que eran sucesivas emanaciones suyas de naturaleza masculina o femenina. A partir de aquí, las diferentes sectas difieren en algunos aspectos. Para algunas, dentro del Pleroma también existía el mal, como una característica estructural más. Para otras, el mal se generó por la soberbia de un Eón femenino, pues en las sectas gnósticas predominaba una visión misógina del mundo. En cualquier caso, al emerger el mal surgió una nueva generación de seres, los Arcontes o demiurgos, que pretendieron ser como el Dios primordial y se rebelaron contra él. Su líder, Ialdabaoth, consumó la rebelión creando la materia y el cosmos, un lugar de tinieblas en el cuál el mundo representa la última mazmorra. Ialdabaoth creó entonces al hombre y lo encerró en ella. El hombre permanece allí, diríamos, narcotizado y completamente inconsciente del mundo de luz que es el Pleroma. Pero en el transcurso del conflicto entre los Arcontes y la divinidad suprema, parte de la luz del Pleroma se perdió en el mundo, y, sin saberlo, algunos hombres fueron desde entonces portadores de ella. Únicamente faltaba que un enviado especial, un profeta, despertara a los elegidos, les proporcionara el conocimiento (gnosis), y les hiciera saber cuál era su verdadera misión. Que no era otra que reintegrar la luz al Pleroma en el momento en que las tinieblas, y con ellas el mundo, fueran abolidas por el Dios supremo. A partir de ese momento, los elegidos gnósticos vivirían felices en el Pleroma. Los no elegidos, obviamente, no: serían destruidos con el mundo.

Hans Jonas distingue dos grandes corrientes en el gnosticismo: la iraní y la sirio-egipcia. A la primera pertenecen el mandeísmo y el maniqueísmo. A la segunda, los maestros Valentín y Basílides. Existen abundantes documentos de esta segunda escuela, gracias al descubrimiento de los manuscritos de Nag Hammadi, una colección de códices cuidadosamente guardados en vasijas selladas y escondidas en una cueva, que fueron descubiertos en 1945. Brevemente (y de forma nada sistemática, me temo) comentaré algunos de las escuelas, así como algunos de los textos.


____________

1) Posiblemente el primer predicador gnóstico de cierto relieve fue Simón el Mago, y tal vez por eso sus enseñanzas son las menos elaboradas. Era samaritano, contemporáneo de los apóstoles, y fue considerado posteriormente por los cristianos como el padre de todas las herejías. Se le conocen, al menos, tres encuentros directos con los apóstoles. Uno con Simón Pedro, al que ofreció dinero si le transmitía el poder de realizar milagros (de ahí viene la ‘simonía’, que consiste en la adquisición de beneficios espirituales mediante bienes materiales). Y dos con Felipe, que primero lo bautizó y más adelante lo escuchó predicar que era “el poder de Dios, llamado el Grande”. Porque Simón, a diferencia de otros maestros gnósticos, no se presentaba como un mero profeta, sino como Dios.

Según Simón, en el principio había un Dios supremo del que en su momento, emanaron dos principios, uno masculino y otro femenino. De éstos, únicamente el femenino, llamado Ennoia o Sofía, tenía capacidad para engendrar nuevos seres, lo que la llenaba de presunción por considerarse igual que el dios primigenio. Pero no era así: sus creaciones eran torpes remedos del original, de modo que cada estirpe se separaba progresivamente del dios verdadero. Y así hasta llegar a los hombres, algunos de los cuáles, no obstante, retenían una parte de la luz divina. Simón el Mago afirmaba ser el Dios supremo, que había descendido al mundo para rescatar a estos hombres en general y al último avatar de Ennoia en particular, una prostituta de Tiro llamada Helena que, tras ser rescatada, lo acompañaba en todos sus actos terrenales.


______________

2) En el “Tratado Tripartito” y “Sobre el origen del mundo”, dos de los textos gnósticos de Nag Hammadi, también se imputa a Sofía el origen del desastre. Ocurrió que, en su presuntuoso intento de emular a Dios, “la luz que primeramente existió”, se puso a emanar Arcontes sin ton ni son, entre ellos al demiurgo Ialdabaoth.

En ambos textos la descripción de la creación del mundo es una parodia del Génesis cristiano. Ialdabaoth, que equivale a Yahvé/Jehová, separa el mundo de las aguas y engendra a Sabaoth, la versión gnóstica de Cristo. Pero, a diferencia de su equivalente cristiano, Sabaoth detesta a su progenitor: “Sabaoth odió a su padre, la oscuridad, ya su madre, el abismo”. Esto es así porque había sido iluminado por Pistis, un Eón masculino contemporáneo (si tal término es aplicable a los Eones) de Sofía, que se encargó de revelarle la verdadera naturaleza de las cosas y el carácter maligno de su padre Ialdabaoth.

Tanto el “Tratado Tripartito” y “Sobre el origen del mundo” coinciden en que la humanidad representa el escalón inferior de la creación: no se puede caer más bajo. Pero también están de acuerdo en que hay unos pocos elegidos. El Tratado se refiere a ellos como “la raza espiritual” o “los pneumaticos”, pues el pneuma (el espíritu) es la chispa de luz divina que brilla en ellos. Frente a ellos se encuentran ”la raza material” o “hylicos”, que tal vez podría traducirse por “ilusos”, pues son los que permanecen engañados por el espejismo del mundo material. Estos están condenados a ser destruidos con el mundo cuando el Pleroma vuelva a tomar las riendas.

Recapitulemos. Estamos intentando vislumbrar el componente emocional de las gentes que se adherían a ese tipo de sectas, porque tal vez nos permita establecer comparaciones con los de aquellos que actualmente se sienten atraídos por ciertas ideologías actuales*. En este sentido se pregunta Bertonneau: “¿Qué es lo que atraía a la gente a relatos de este tipo?. Una sensación combinada de alienación del mundo y superioridad frente a él es una respuesta ineludible; pero resumiéndolo en una sola palabra uno podría decir, sencillamente, resentimiento.”

Es significativo, además, observar cómo el gnosticismo necesita una doctrina para definirse contra ella. Es una religión a la contra, podríamos decir, que se define como el negativo virtuoso de una realidad detestable. Por eso la creación gnóstica es un reflejo del génesis de la religión dominante. Esta característica también puede observarse en la utilización gnóstica de símbolos y mitos tradicionales, pero subvirtiéndolos completamente e intercambiando los papeles del bien y el mal. Este es el caso de la serpiente del paraíso terrenal, que en la versión gnóstica no representa el papel corruptor de la humanidad, sino el de desbaratadora de los designios de Ialdabaoth al proporcionar la revelación a los elegidos. De manera similar, los gnósticos se sentían atraídos por la figura de Caín, condenado por rebelarse contra el demiurgo, e incluso una de sus sectas, los Cainítas, tomaron de él su nombre.

* Ver 'Los nuevos gnósticos (1)'

(continuará)

___________
Imágenes:
1. Eón con cabeza de león.
2. Códices de Nag Hammadi.
3. Simón el Mago siendo llevado a los infiernos. Miniatura en un códice (cristiano, obviamente).

lunes, 27 de junio de 2011

IG FARBEN (10)


A pesar de sus buenas relaciones con las SS, el proyecto Farben Auschwitz no progresaba adecuadamente. Uno de los mayores problemas consistía en que los prisioneros debían caminar diariamente casi cuatro kilómetros desde el campo hasta las plantas de IG, tanto a pleno sol en verano, como bajo un frío polar en invierno, lo que menguaba sus ya escasas energías. Las marchas debían ser realizadas a la luz del día para prevenir intentos de fuga, y en caso de que hubiera niebla se suspendía el traslado. Todo esto hacía que la producción progresara muy lentamente. Con una gigantesca inversión de 900 millones de marcos en juego, era necesario adoptar medidas contundentes, y en julio de 1942 el consejo de administración de IG acordó solventar todos sus problemas laborales construyendo su propio campo de concentración, que se situaría junto al complejo industrial. El plan, que requería una inversión adicional de 5 millones de marcos, era bastante innovador para una compañía privada, pero tanto la inversión realizada, como el temor a la ira de Hitler si no se cumplían los plazos para la producción, aconsejaban la adopción de medidas audaces.

El campo fue finalizado al terminar el verano de 1942, y recibió el nombre de la cercana aldea de Monowice (Monowitz, en alemán). Contenía todos los ingredientes de cualquier otro campo estándar gestionado por las SS: alambradas, guardias armados, torres de vigilancia con focos, ametralladoras, sirenas, perros adiestrados… Todo él estaba circundado por una alambrada electrificada, y contaba tanto con celdas de castigo, en las que el infortunado ocupante no podía mantenerse de pie ni tumbado, como con una horca, habitualmente aprovisionada con uno o dos cadáveres que se encargaban de mandar un fúnebre mensaje a los trabajadores. En el arco de entrada figuraba el lema de Auschwitz: el trabajo hace libres.


A partir de ese momento el complejo Auschwitz constaba de tres campos principales de concentración: el original, Auschwitz I, Auschwitz II (Birkenau), y Auschwitz III (Monowitz), llamado también Campo Buna. A estos se unían una multitud de subcampos. No todos eran iguales: Monowitz era un campo de trabajo, y Birkenau un campo de exterminio. La distancia que mediaba entre uno y otro era la “selección”.

Cuando los judíos llegaban a Auschwitz eran separados aquéllos considerados idóneos para trabajar de aquellos que no lo eran: hombres débiles, ancianos, mujeres, niños… Los primeros eran enviados a trabajar en las plantas de IG. Los demás eran mandados, sin más dilación, a las cámaras de gas de Birkenau. Pero superar con éxito la primera selección no era una garantía definitiva para los trabajadores forzados del Campo Buna. La ominosa presencia de Birkenau era un poderoso estímulo laboral, pero la menguada dieta hacía que las fuerzas fueran disminuyendo progresivamente. Como los trabajos solían quedar por debajo de lo previsto en las estimaciones y calendarios, los directivos de IG se quejaban continuamente de la pobre condición física de los trabajadores asignados. Por eso, todas las mañanas, el oficial de asignación de trabajo de Auschwitz acudía a Monowitz y se colocaba en la puerta, por donde los trabajadores salían en filas de cinco. Allí escogía a los más evidentemente débiles, y los que sufrían esta nueva selección eran enviados a Birkenau.

La dieta de los prisioneros de Monowitz, a la que llamaban “sopa de Buna”, era mejor que la de los otros campos del complejo, pero claramente deficitaria. El trabajador perdía un promedio de entre tres y cuatro kilos y medio por semana. Al finalizar su primer mes de trabajo el cambio de su apariencia era notable; al cabo de dos, empezaba a parecer un esqueleto; a los tres, eran prácticamente inservible para el trabajo, con lo cuál era derivado a Birkenau. Este efecto fue estudiado y recogido por dos médicos de Monowitz: los prisioneros conseguían vivir de sus propias reservas energéticas hasta tres meses. A partir de ahí quedaban exhaustos.

No era raro que los prisioneros trabajaran hasta la muerte. Con frecuencia, los grupos de trabajo de entre 400 y 500 hombres volvían, al finalizar la jornada con un promedio entre 5 y 20 cadáveres, que eran apilados en una zona visible del campo de dónde eran retirados tres veces por semana, lo que suponía un nuevo, y lúgubre, recordatorio para los trabajadores.


Farben-Auschwitz supuso una innovación financiera con respecto a los métodos de los esclavistas tradicionales. Para, digamos, el dueño de una plantación de algodón del sur de Estados Unidos en el siglo XIX el esclavo era considerado una inversión, que debía mantenerse para que fuera depreciándose a lo largo de su vida humana. Para IG Farben, para quien la fuerza individual de trabajo se consumía en tres meses, la vida humana ni siquiera era una inversión sino un mero producto fungible, que se gastaba por su uso.

Karl Krauch parecía completamente satisfecho con el enfoque laboral de Auschwitz, y en febrero de 1944 escribió a los técnicos de las planta de IG en Heydebreck: “Para solucionar la continua escasez de mano de obra, Heydebreck debe establecer un gran campo de concentración lo antes posible siguiendo el ejemplo de Auschwitz.

La satisfacción de Krauch no estaba justificada. Habían sido invertidos más de 900 millones de marcos en Farben-Auschwitz; 300.000 prisioneros trabajaron en las factorías, de los cuáles 25.000 lo hicieron hasta la muerte; las plantas eran tan grandes que consumían más energía eléctrica que Berlín. Pero a pesar de ello, únicamente se consiguió producir modestas cantidades de carburante sintético, y ni un gramo de Buna.
_______________


Imágenes.
1.- Karl Krauch.
2 y 3.- Fotos aéreas del complejo Auschwitz.