domingo, 8 de marzo de 2015

a.t.p. MARX: EL MATERIALISMO HISTÓRICO


Nunca se debe comenzar un texto con una frase que incite al bostezo, pero en este caso hay que hacerlo: puede decirse que Hegel tiene una visión teleológica y determinista de la historia. Teleológica porque entiende que está orientada hacia un fin: servir de escenario para la materialización de los sucesivos avatares de una especie de Razón cósmica, o Idea Universal, que se va encaminando hacia su plenitud [1]. Determinista, porque cree que su curso está predeterminado y es inexorable. Entonces, si el movimiento de la historia está prefijado se podrá predecir siempre que se conozcan las leyes que lo rigen, es decir, la filosofía de Hegel. Marx sale de la Universidad de Jena convencido de que la historia puede ser científicamente profetizada, pero en lugar de asignar la causa de sus movimientos a la Razón, lo deposita en la acción de dos pares de fuerzas “contradictorias” que la propulsan “dialécticamente”: la lucha de clases y el desfase entre los medios y los factores de producción. Esta es una de las dos patas del llamado materialismo histórico. ¿Y la otra? Para entenderla leamos dos textos de Marx:

”Mas no discutáis con nosotros mientras apliquéis (…) el sello de vuestras nociones burguesas de libertad y de cultura, de derecho, etc. Vuestras mismas ideas son producto de las relaciones de producción y de propiedad burguesas, como vuestro derecho no es sino la voluntad de vuestra clase erigida en ley; voluntad cuyo contenido está determinado por las condiciones materiales de existencia de vuestra clase”. (Manifiesto Comunista)

“He aquí en pocas palabras, el resultado general al que llegué y que, una vez obtenido, me sirvió de hilo conductor en mis estudios. En la producción social de su existencia, los hombres establecen relaciones determinadas, necesarias, independientes de su voluntad; estas relaciones de producción corresponden a un grado dado del desarrollo de sus fuerzas materiales. El conjunto de estas relaciones forma la estructura económica de la sociedad, el fundamento real sobre el cual se eleva el edificio jurídico y político, y al cual corresponden formas determinadas de la conciencia social. El modo de producción de la vida material domina en general el desarrollo de la vida social, política e intelectual. No es la conciencia de los hombres lo que determina su existencia, por el contrario es su existencia social lo que determina su conciencia". (Contribución a la crítica de la economía política).


Según Marx, para comprender una sociedad es inútil atender a manifestaciones tales como sus instituciones jurídicas o políticas, o sus expresiones culturales. Lo que hay que estudiar es su estructura económica, entendida como a) el modo en que en ella se distribuye la propiedad (en jerga marxista, las ‘relaciones de producción’), y b) su nivel científico y tecnológico (las ‘fuerzas productivas’). La irregular distribución de las ‘relaciones de producción’ determina la aparición de clases, y cada una desarrolla sus propios intereses derivados de sus respectivas situaciones económicas. Porque, aunque el sujeto no sea consciente de ello, su adscripción a una clase determina incluso su forma de pensar: "no es la conciencia de los hombres lo que determina su existencia, es por el contrario su existencia social lo que determina su conciencia". Los hombres se convierten así en esclavos de sus intereses de clase, que es realmente la que determina sus convicciones y valores [2]. Por eso Marx distingue la estructura económica, que es lo realmente relevante, de la superestructura social, el edificio jurídico, político, cultural y moral que las sociedades edifican sobre su sustrato económico, y que se adapta necesariamente a la forma de éste. Dentro de esta superestructura, el poder político es el medio que utiliza la clase dominante, la clase explotadora, para mantener su dominio y legitimar su explotación:

"El poder político es el poder organizado de una clase para la opresión de otra". (Manifiesto comunista).

Asumir que las manifestaciones ideológicas y culturales están decisivamente condicionadas por factores diferentes de la razón (en el caso de Marx, por la adscripción a una clase) es un enfoque innovador y brillante, similar al que posteriormente formulará, más brillantemente aún, Vilfredo Pareto. Pero llevado al extremo, como hace Marx, también tiene graves efectos secundarios. Para empezar, todas las objeciones al marxismo, por razonables que sean, pueden ser inmediatamente desechadas como prejuicios burgueses. El marxismo consagra así una variante de la falacia ad hominem: la validez de un argumento dependerá de la clase social del que lo emita [3]. Pero además el marxismo podrá tranquilamente descalificar instituciones como la democracia y valores como la libertad, meras superestructuras de una estructura explotadora que, una vez que reciban el apellido de “burguesas”, quedarán en disposición de ser atropelladas virtuosamente en la marcha hacia el paraíso socialista:

”Se trata efectivamente de abolir la individualidad, la independencia y la libertad burguesas”. (Manifiesto Comunista)


Volviendo a la primera pata del materialismo histórico, los movimientos de la sociedad se producen porque en determinadas épocas los avances técnicos provocan desajustes entre las ‘fuerzas productivas’ y las ‘relaciones de producción’. En ese momento la clase privilegiada se aferra a las relaciones de producción que han quedado obsoletas por la irrupción de las nuevas fuerzas productivas, y la nueva clase, que se acomoda mejor a éstas, se convierte en representante del progreso. Así ocurrió con la destrucción del feudalismo por la burguesía cuando el comercio y los avances tecnológicos convirtieron en obsoletas las estructuras feudales:

”He aquí, pues, lo que nosotros hemos visto: los medios de producción y de cambio, sobre cuya base se ha formado la burguesía, fueron creados en las entrañas de la sociedad feudal. A un cierto grado de desenvolvimiento de los medios de producción y de cambio, las condiciones en que la sociedad feudal producía y cambiaba, toda la organización feudal de la industria y de la manufactura, en una palabra, las relaciones feudales de propiedad, cesaron de corresponder a las nuevas fuerzas productivas”. (Manifiesto Comunista)

Las ‘relaciones de producción’ del capitalismo consisten en que unos tienen la propiedad de los medios de producción (el ‘capital’) y otros sólo tienen su fuerza de trabajo. En realidad el capitalismo ya ha entrado en una fase de ‘contradicción’: gracias a los avances tecnológicos el capitalismo cada vez puede producir más, pero, según Marx, cada vez genera más miseria. El capitalismo está provocando la polarización de la sociedad en dos clases, los capitalistas opresores y los obreros oprimidos, y la pauperización de estos últimos:

”Pequeños industriales, comerciantes y renteros, artesanos y labradores, toda la escala inferior de las clases medias de otro tiempo, caen en el proletariado (…) El obrero moderno, lejos de elevarse con el progreso de la industria, desciende siempre más; por debajo mismo de las condiciones de vida de su propia clase. El trabajador cae en la miseria, y el pauperismo crece más rápidamente todavía que la población y la riqueza” [4]. (Manifiesto Comunista)


De este modo se está creando una minoría cada vez más rica y una aplastante mayoría cada vez más pobre: el proletariado. Lo único que hace falta es que el proletariado adquiera conciencia de clase y se encargue de dirigir la revolución progresista que llevará a la destrucción del capitalismo. La revolución es inminente, pero no es algo a evitar, sino la expresión de una necesidad histórica. La violencia es la partera de la historia [5], y la tarea del intelectual es facilitar y acelerar el parto. Pero esta revolución, según Marx, tendrá un carácter único. Hasta ahora todas las revoluciones han sido hechas por minorías en beneficio de minorías: la del proletariado será una revolución de la mayoría en favor de todos. Una vez que haya triunfado el proletariado instaurará una dictadura que abolirá la propiedad privada de los medios de producción, organizará una sociedad comunista, y, tras un periodo no definido (pero sin duda breve), provocará el nacimiento de una sociedad sin clases y por tanto sin conflictos. Ese será el fin inevitable de la historia.
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Todo el Manifiesto, y en general toda la obra de Marx, rezuma odio hacia la burguesía, la clase explotadora. En realidad da la impresión de que la burguesía tiene que ser explotadora para justificar el odio que Marx siente hacia ella. Las descripciones son a menudo tan desaforadas que evidencian la distorsión que Marx tiene que practicar para que los burgueses encajen en su delirante animadversión, con resultados pintorescos:

"Nuestros burgueses, no satisfechos con tener a su disposición las mujeres y las hijas de los proletarios, sin hablar de la prostitución oficial, encuentran un placer singular en ponerse cuernos mutuamente. El matrimonio burgués es en realidad la comunidad de las mujeres casadas. (…) Es evidente, por otra parte, que con la abolición de las relaciones de producción actuales, de las cuales deriva la comunidad de las mujeres, desaparecerá la prostitución oficial y privada”.


¿De dónde viene este odio? Johnson se anima a apuntar a las continuas relaciones de Marx con los prestamistas, que le hicieron desarrollar una intensa aversión hacia la usura, personalizada en un primer momento en los judíos:

”¿Cuál es la base profana del judaísmo? La necesidad práctica, el interés propio. ¿Cuál es el culto mundano de los judíos? La buhonería. ¿Cuál es su Dios mundano? El dinero (…) El dinero es el Dios celoso de Israel, junto al cual ningún otro Dios puede existir. El dinero envilece a todos los dioses de la humanidad y los transforma en productos. El dinero es el valor autosuficiente de todas las cosas. Por tanto, ha privado a todo el mundo (…) de su propio valor. El dinero es la esencia alienadora del trabajo y la existencia humana: esta esencia le domina (al hombre) y él le rinde culto. El dios de los judíos se ha secularizado y se ha convertido en el dios del mundo”. [6]

Más adelante su odio se extiende a toda la burguesía, pervertida por el dinero y causante de la vulgaridad y el horrendo materialismo que ha despojado a su tiempo de toda espiritualidad y lirismo. Esto lo lleva, sorprendentemente, a defender un pasado feudal idílico en el Manifiesto:

”La burguesía (,,,) allí donde ha conquistado el Poder ha pisoteado las relaciones feudales, patriarcales e idílicas. Todas las ligaduras multicolores que unían el hombre feudal a sus superiores naturales las ha quebrantado sin piedad para no dejar subsistir otro vínculo entre hombre y hombre que el frío interés, el duro pago al contado. Ha ahogado el éxtasis religioso, el entusiasmo caballeresco, el sentimentalismo del pequeño burgués en las aguas heladas del cálculo egoísta. Ha hecho de la dignidad personal un simple valor de cambio. Ha sustituido las numerosas libertades, tan dolorosamente conquistadas, con la única e implacable libertad de comercio. En una palabra, en lugar de la explotación velada por ilusiones religiosas y políticas, ha establecido una explotación abierta, directa, brutal y descarada. La burguesía ha despojado de su aureola a todas las profesiones hasta entonces reputadas de venerables y veneradas. Del médico, del jurisconsulto, del sacerdote, del poeta, del sabio, ha hecho trabajadores asalariados. La burguesía ha desgarrado el velo de sentimentalidad que encubría las relaciones de familia y las ha reducido a simples relaciones de dinero (…) Todo lo que era sólido y estable es destruido; todo lo que era sagrado es profanado, y los hombres se ven forzados a considerar sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas con desilusión”.



La próxima entrada cerrará el capítulo dedicado a Marx con El Capital y la tesis marxista de la plusvalía. Gracias por su paciencia.

Notas:
[1] La historia es, para Hegel, el escenario en el que la Razón va evolucionando y gradualmente acercándose a su Ideal, y esta visión es exactamente la opuesta a la de Platón, según la cual en el principio (o más bien, fuera del tiempo) existen unas Ideas o Formas puras que al entrar en el flujo temporal se van corrompiendo, siendo tanto más impuras cuanto más tiempo transcurre y más se van alejando así del origen. Para Hegel, pues, la Razón se realiza progresivamente en la historia, y la culminación de ésta es, curiosamente (o no tanto), el estado absolutista de Federico Guillermo de Prusia, con el cual la Razón se ha materializado en todo su esplendor. Posiblemente en Hegel.
[2] Y con esto Marx se anticipa al mecanismo del ajuste de disonancia descrito por Leon Festinger.
[3] Excepto si el que la emite es marxista, claro, porque a todo esto, si la ideología está inexorablemente determinada por la pertenencia a una clase, ¿de dónde ha salido la de Marx y Engels, que están lejos de ser proletarios?
[4] Aquí se detecta una vez más el sesgo de Marx al seleccionar todo lo que pueda contradecir su historia apocalíptica. En el momento de la redacción del Manifiesto, era evidente que el capitalismo sí estaba creando riqueza, que los salarios reales de los trabajadores estaban creciendo, y que sus condiciones laborales mejoraban, y mejoraban por la acción de leyes emanadas del propio sistema burgués, es decir, de su estructura, algo impensable para Marx. El filósofo Karl Jaspers dice: :”El estilo de escritura de Marx no es el del investigador (…) nunca cita o presenta evidencias que puedan refutar su teoría sino únicamente aquellas que apoyen o confirmen lo que él considera la verdad definitiva. Su perspectiva se acerca más a la vindicación que a la investigación, pero se tata de la vindicación de algo proclamado como la verdad perfecta con la convicción, no del científico, sino del creyente” (K. Jaspers, Marx y Freud, Citado en Intelectuales, de P. Johnson)
[5] “La violencia es la partera de toda sociedad vieja preñada de una nueva”. K. Marx, El Capital.
[6] K. Marx, Sobre la cuestión judía, 1844. Citado por P. Johnson.

6 comentarios:

Psykoaktive dijo...

Buenas noches D. Navarth,

como habitualmente, permítame agradecerle sus amenos escritos destilados, son siempre un placer y "food for thought".

Permítame hacerle una pregunta. En el libro de Johnson, ¿se dice algo sobre la posible influencia de su vida en Londres? Desde que me mudé aquí, siempre he pensado que sus visiones apocalípticas sobre el capitalismo casaban demasiado bien con las desigualdades del Londres victoriano (piense por ejemplo en Oliver Twist).

Además, tengo una especia de broma personal respecto de la experiencia de Marx y Engels en Londres. Mientras Marx vivió en Soho (que por aquella época era un mercado de verduras pero muy lejos de ser una zona acaudalada) para estar más cerca de la biblioteca del actual British Museum, el Sr. Engels vivía en Primrose Hill, que por esa época ya era una de las zonas más privilegiadas de Londres. Y eso era mucho privilegio. Se podrá ser comunista, pero no tonto, y esa disonancia casualmente se verá una y otra vez en todo aquel líder que se llama comunista. Y no falla.

Anónimo dijo...

Don Navarth, le confieso que leí en su día a Marx obligado por las exigencias académicas y no recordaba para nada ese detalle sobre la crítica a la burguesía que usted trae a su blog.
Nada puede sorprender en Marx. Sí sorprende que tenga tantos adeptos en el mundo del siglo XXI.
No sé qué opinión le merecería hoy la existencia de autónomos y trabajadores por cuenta propia.
Espero impaciente la tercera parte.

Georgie

Bruno dijo...

Ya veo que va a seguir pero:
En su momento leí el Anti Dürhing y no entendí nada por el abstruso lenguaje del mismo. (Y mi tierna mente de entonces, seguro) Desde esa lectura siempre sospeché que una escritura difícil implicaba unas ideas confusas y posiblemente equivocadas...o equivocadoras.
Ya me llamó la atención en mi juventud de que todo era discutible menos el Capital. Casualmente ese Marx había descubierto la verdad total y para toda la vida. Todo lo criticaban con saña, pero eso era intocable. (Me refiero a los "antifranquistas" de entonces)
Ud. lo describe muy llanamente pero yo sigo pensando que esa filosofía es una simplificación total e interesada de la realidad.Incluso la de esa época en que se escribió. Asimilable a construir una teoría filosófica basada en la pata de un lagarto.
Nunca entenderé porqué los marxistas, y comunistas, son tan perezosos para pensar. Ni cómo son tan persistentes para cerrar las ventanas para ver el mundo. Ni cómo no tienen imaginación para ir cambiando el mundo paso a paso y hacerlo mas justo. Porque esa es la otra. Como tienen una doctrina blindada siempre la quieren aplicar de golpe. Pase lo que pase. Darían un golpe de estado en el Polo Norte o en el Titánic mientras se hunde.

navarth dijo...

Querido Psykoaktive, lo único que dice Johnson de la estancia londinense de Marx es que, efectivamente, se pasaba el tiempo en el British Museum recogiendo información para escribir El Capital. Lo describe como un ratón de biblioteca, muy interesado en el proletariado pero no lo suficiente como para conocerlo “en persona”. Pero lo que dice de las condiciones de trabajo de la 8inglaterra victoriana es muy posible, porque Marx se basó extensivamente en un libro de Engels Las condiciones de la clase trabajadora en Inglaterra. El problema del libro, que Johnson trata muy críticamente, es que expone con toda su crudeza la penosa situación de los trabajadores, pero esconde todos los intentos gubernamentales por atenuarla. Marx lo usará extensivamente en El Capital, a pesar de que para entonces ya habrá cumplido 20 años y sus datos se habrán quedado obsoletos.

Georgie, esa es una de las cosas que demuestra no sólo que el marxismo es una profecía penosa, sino que como herramienta de análisis funciona fatal. Este es el caso, por ejemplo, de lo que usted señala. Para Marx sólo había capitalistas, los que tenían el dinero, y obreros, los que tenían que trabajar por cuenta ajena. Eso convierte al Director General de una gran empresa es un proletario y al dueño del bar de la esquina en un capitalista explotador. Marx, por cierto, tampoco entendía que el empresario estuviera desarrollando un trabajo, aunque pasara pase más horas en la empresa que cualquier trabajador.

D. Bruno, yo he tenido siempre esa teoría: si alguien no consigue explicarte algo con claridad, lo más probable es que él tampoco lo tenga muy claro. El amigo Horrach, que es doctor en filosofía, me ha hecho matizar un poco (sólo un poco) esa opinión, diciéndome que es posible que la explicación no pueda ser clara al manejarse un lenguaje distinto, como el filosófico. Es obvio que esto puede existir, pero también que ampararse en lenguajes diferentes permite construir en vacío (filosofar sobre la pata de un lagarto, como dice) y el campo para la charlatanería queda abierto, como demostraron Sokal y Bricmont en su imprescindible Imposturas intelectuales (escribí algo sobre ello aquí).

Saludos.

Psykoaktive dijo...

Buenas Tardes,

estoy con D. Horrach sobre el distinto lenguaje utilizado en filosofía y especialmente cuando uno se encuentra con los límites del lenguaje.

Por ejemplo, en psicología este hecho es bastante frecuente al dar nombre a procesos que sólo a través de la investigación adquieren significado. Así un concepto como el de histeria (freudiano) fue evolucionando en parte hacia el de ansiedad y adquiriendo connotaciones menos oscuras y más llevaderas.

Igualmente, he tenido la misma impresión con Wittgenstein, aunque su lenguaje sea mucho más depurado (salvando las distancias).

Leí hace unos meses una nueva historia de Sokal. Es larga, pero ilustrativa. Hay bullshit por todas partes: http://narrative.ly/stories/nick-brown-smelled-bull/

Bruno dijo...

En los buenos textos se suele definir claramante el lenguaje que se va a emplear. Cierto que el autor puede suponer que el lector no es un ignorante. Pero cierto es también que hay mucho maníaco en emplear las palabras con una acepción distinta a lo común. Y no insisto en eso de extender las conclusiones a través de una premisa reducida. Con lo que nos llevan a su huerto.
Pero un día en un hotel de Andorra vi una foto de principios del XX. Un grupo de obreros descalzos, vestidos con chaqueta y tal, como se vestía entonces, sentados sobre la nieve del linde de la carretera que limpiaban. Un desmonte de metro y medio. Con palas. Y ahora a pensar en las condiciones de trabajo de múltiples factorías contemporáneas a nuestras delicadas manos. O en los remeros griegos. No dudo de que las condiciones de la industrialización de esa Inglaterra fueron penosas. Como la tira de hombres que las sufren ahora. Y Marx cabalgaba sobre ese caballo en vez de meditar sobre la creación de riqueza.